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domingo, 10 de enero de 2010

MISTERIO
JUAN GARODRI
(21-6-2008)

Continúa el misterio. Hace dos semanas me refería al hecho misterioso (región pobre frente a gasto millonario) del consumo de tabaco en Extremadura. Y ahora nos sorprenden de nuevo: «Un bar por cada ochenta cacereños. Es la provincia española con más locales de este tipo por habitante». No sé si el gentío leerá, no sé si habrá superado el fracaso escolar, no sé si aprenderá idiomas, no sé en fin si comerá, pero sí sé que el personal bebe. Mucho. Los que más beben de España. Cáceres, la provincia española con mayor densidad de bares por habitante. ¿Y el dinero? ¿De dónde saca el personal la pasta para el chateo? Misterio.
El gentío barrunta que lo de la renta per cápita es un timo informativo que ignora las desigualdades económicas, porque ignora las diferencias entre los habitantes al atribuir a todos el mismo nivel de renta. Así que da igual que Extremadura tenga la renta per cápita más baja de España porque no se nota.
En último término, el bar es la solución. Los duelos con pan son menos. El bar es el lugar salvador que elimina los síntomas de aplanamiento. Si usted padece un trastorno afectivo emocional, tan abundante estos días preveraniegos, este paso repentino de los 18 a los 35 grados, esta insoportabilidad calurosa que nos lanza a la calle con el pantalón corto playero y las sandalias, si a usted, sorprendentemente, ya no le satisfacen las actividades que le gustaban antes, si usted se siente desanimado porque no le toca la primitiva, si usted pierde la ilusión de todos los días y ya no juega a la ONCE, si usted advierte un aumento de fatiga, de malhumor o de irritabilidad, no lo dude, en la provincia de Cáceres tenemos la solución: la barra del bar, la amigable, entrañable, acogedora, placentera y afectiva barra del bar. Lo de la renta per cápita es lo de menos.
También le recomiendo que haga caligramas. En el bar. Guillaume Apollinaire los puso de moda en 1918. Elijo uno (imposible reproducirlo en su formato original): «Voici l’homme le plus enmerdant du quartier qui fait sa tour née des bars». (Dígale al de francés que se lo traduzca).

lunes, 4 de enero de 2010

EL TIEMPO
JUAN GARODRI
(14-6-2008)


La idea quevediana del tiempo se expresa en el concepto de fugacidad versificado magníficamente en alguno de sus poemas metafísicos. Es una idea pesimista de la vida anclada en el tiempo, un tiempo que se ofrece al ser humano para hacerle presente el vacío y la nada. El tiempo ha revuelto la cabeza de filósofos y escritores. Porque el hecho inexplicable del tiempo consiste en que se vive inserto en él sin que, en realidad, se conozca su esencia. Siempre se ha percibido el tiempo como una tríada compuesta por pasado, presente y futuro. Ninguna de las tres percepciones sobrevive a la existencia. Efectivamente, el pasado ya no existe, el presente es un nanosegundo que en el mismo instante de pronunciarlo se convierte en pasado, el futuro es una intuición dotada de posibilidad pero inexistente. Se ‘es’ dentro de la fragilidad más absoluta. Quizá por eso la persona se aferra a lo inmediato a pesar del carácter efímero de la inmediatez. El ansia de supervivencia, incluso en la propia negación, supera con creces cualquier otro aspecto de la vida. El dinero, el poder y la fama son las tablas de salvación. La fama. La perduración en el tiempo. En el “Libro de los exiemplos” (el conde Lucanor y Patronio), don Juan Manuel afirma que la segunda vida es la de la fama, la pervivencia en la memoria de los hombres a través del tiempo, la fama como repetición inacabada de la vida. Ahora, con mayor evidencia por la cosa de ‘los medios’, existe una especie de ansiedad por acaparar fama (vano intento de atrapar el tiempo). Programas de televisión, bodrios televisivos. Y escribir. Pléyades de escritores para conseguir fama (supervivencia en el tiempo). Miles y miles de concursos para dar salida a tantísimo escritor sediento de fama (posesión del tiempo). Quevedo escribió contra los culteranos de su época: «Ya que toda Castilla, / con sola esta cartilla, / se abrasa de poetas babilones, / escribiendo sonetos confusiones; / y en la Mancha, pastores y gañanes, / atestadas de ajos las barrigas, / hacen ya cultedades como migas».
Quevedo sí está coronado de fama y doblega la fugacidad del tiempo, él que se definió como «soy un fue, un será y un es cansado».
LA COSA DEL TABACO
JUAN GARODRI
(7-6-2008)

Me contaron un chiste que me hizo bastante gracia. Un tipo entra en un estanco a comprar una de esas cajetillas orladas de leyendas amedrentadoras. El tabaco puede matar. El tabaco produce cáncer. El tipo compró una y leyó: ‘el tabaco produce impotencia’. Inmediatamente la devolvió a la estanquera y le dijo que, por favor, que prefería una de las del cáncer.
Toma salero. Ni temor a los mensajes de muerte ni caso a las campañas antitabaco. Nada. La enfermedad y la muerte son cosa de los otros. La enfermedad y la muerte es lo que uno oye que ha ocurrido a otros. Una cosa tan lejana, la muerte. ¿Cómo va a estar uno pensando en la muerte cada vez que enciende un cigarrillo? Aparte de que la publicidad que induce al susto y al espanto no es más que falsa alarma para que el fumador no disfrute. Ni caso. Que la Sanidad pública se invente otras para ahorrarse gastos. A la Administración no importan las 10.000 personas que murieron en Extremadura durante el año 2004 por causas achacables al tabaco. Le importa ahorrar gasto sanitario.
Cosas así debe pensar el gentío extremeño para dar lugar a la reciente información aparecida en HOY (31-5-08): «Los extremeños gastaron 250 millones de euros en tabaco el año pasado». ¡Qué bárbaro! ¡Más de cuatrocientos mil millones de pesetas! ¡Gastados en tabaco! ¿Pero no habíamos quedado en que Extremadura es una región pobre? La Junta se desmelena para atender al necesitado, para proporcionar pisos dignos y baratos, para regalar libros de texto en los colegios, para colocar aceras y farolas en los pueblos, para construir residencias de tercera edad, para dotar bibliotecas. Porque el ciudadano carece de recursos. Joder, ¿cómo va a tenerlos si se los gasta en tabaco? ¿De dónde saca el personal tantísimos millones para gastarlos en tabaco? Misterio. Y aún más. En estos primeros meses de 2008 la venta de cigarrillos ha aumentado un 9%. Ni crisis, ni recesión económica, ni subida de los carburantes, ni carestía de los alimentos, ni batacazo inmobiliario. Aquí no se perciben esas catástrofes que los economistas airean con el espanto de las pandemias. Muera el gato muera harto.