LA CORBATA
(28-1-2006)
JUAN GARODRI
Conocí a un inspector de Enseñanzas Medias, don José María creo que se llamaba, que se irritaba si nos veía sin corbata. Eran tiempos gloriosos. Aún no existía la Universidad de Extremadura y los Centros de Bachillerato (Enseñanzas Medias) del norte de la provincia de Cáceres dependían del distrito universitario de Salamanca. El señor inspector era como un ministro, o así lo considerábamos. Con su traje oscuro, su corbata a juego, su bigote y su cigarro. Todo el mundo temblaba un poco cuando se corría la voz: ha llegado el inspector. Volábamos a los percheros para descolgar la corbata y ajustárnosla correctamente, pero sólo disponían de ella los avisados. Nos convocaba en la sala de profesores y empezaba a inspeccionar, que para eso venía. A ver, usted, qué tal lleva la programación de su asignatura. Al interpelado le entraban calmas y sufría leves patinazos de memoria reciente porque no acertaba a exponer limpiamente cómo llevaba la asignatura. ‘Bueno, bueno, o sea, que usted hace lo que puede, en fin, hay que trabajar con los alumnos y, sobretodo, la corbata, a ver por qué no lleva usted corbata a clase, no hay razón para no llevar corbata’. En clase se podía fumar, pero no se podía explicar Lengua sin corbata. Explicar la estructura del sintagma nominal sin corbata era como comer cocido sin cuchara. El signo prestigioso de la intelectualidad docente era la corbata. Incluso el humo del cigarrillo era un humo de clase media alta si fumábamos con la corbata puesta. El acto de fumar despechugados y sin corbata convertía la acción explicativa de las subordinadas adverbiales en una tarea palurda y chabacana. La corbata era la elegancia curricular (aunque se desconocía el léxico logse), y el buen profesor se dirigía a clase bien encorbatado y trajeado, aunque a veces sufriera el acoso inofensivo de colegas barbudos y encazadorados que perseguían anticipadamente la progresía.
Con el paso del tiempo, sin embargo, la corbata se ha ido al limbo textil de la vestimenta. Le ha ocurrido lo que al sombrero. Un caballero, caballero, tenía que calzar botines, anudar corbata y llevar sombrero. De lo contrario, la dignidad social se evaporaba tal como se evapora el vaho de los espejos. Pero el sombrero pasó a mejor vida. En los soportales de la plaza Mayor de Cáceres, una sombrerería mostraba sus encantos. Casa Terio. Todos los caballeros llevaban su sombrero y la elegancia craneal se adornaba con un sombrero de ala corta. También las damas ostentaban sombreros que realzaban el emperifolle y ondulaban con elegancia la supremacía de los cabellos. Me temo que también la corbata está atravesando el desierto del desuso. Y hasta los políticos, tan dados a la cosa de la corbata, siquiera sea por la representación disimulada de la dignidad social, van dando de lado a la corbata y aparecen desabotonados y con la nuez al aire, como campesinos endomingados. Hace pocos días, este periódico publicó la foto de la ‘plana mayor’ del PP relajada y sin corbata, como si le hubieran dado la vuelta a la chaqueta y prefirieran mostrarse cual honestos asalariados de los años sesenta. Oye, que no les pegaba, tío. Hay cuellos que están hechos para la corbata como el caballo para las bridas. La corbata es modo y atributo que adorna sin ser. Lo dijo Spinoza: «Entiendo por ‘modo’ las afecciones de la substancia, o aquello que es en otro; ‘atributo’ es aquello que el entendimiento percibe de la substancia como constituyendo su esencia», pero sin constituirla.
No hay peor cosa que pretender ser y no ser. O ser en otros. Como la corbata. Increíble que la mosca del vinagre no sea portadora del algún gen encorbatado.
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jueves, 19 de noviembre de 2009
ABUSOS
(21-1-2006)
JUAN GARODRI
Que va a resultar cierto aquello de Campoamor, lo del mundo traidor, ya sabes, que nada es verdad ni mentira, que el color del cristal con que se mira es el único criterio de veracidad. Porque una cosa es el insoportable ajuste métrico de los versos y otra el supuesto acierto de la idea versificada. Es agobiante la tendencia que el personal tiene a mirar y a medir los acontecimientos según el cristal que le hayan puesto ante los ojos.
Suelen llamar opinión a la medida individual de un acontecimiento. Ya aseguró Parménides que la opinión no se alimenta del conocimiento del entendimiento sino del de la sensación. Quizá por eso las opiniones de unos y de otros, en esta actualidad controvertida en la que nos movemos, son encendidas y apasionadas. Si la opinión proviniese del conocimiento que proporciona el entendimiento, el gentío la acomodaría a la verdad objetiva. Ocurre, sin embargo, que cada cual acomoda su opinión a las sensaciones, y así resulta que la olla de grillos es gigantesca. Porque cada cual emite una opinión acomodada a la verdad subjetiva, a ‘su’ verdad. Es la verdad que proporcionan las sensaciones: el partidismo, el amor, el odio, los intereses, la venganza, el deseo. El gentío poco a poco se instala en la rueda de piñón fijo y excluye las opiniones de los demás por considerarlas contrarias a sus sensaciones. Carente de flexibilidad mental, el personal acumula sensaciones para juzgar a través de ellas los acontecimientos de la vida diaria, familiar, social, política, comercial. El resultado tiene que ser forzosamente negativo porque sólo a través del entendimiento puede llegarse a una exposición objetiva de la verdad admitiendo, al mismo tiempo, la verdad de los otros como posiblemente válida. De hecho, formamos la experiencia a base de percepciones sensibles, acumulamos los hechos de experiencia como el que amontona arena, y olvidamos que debe darse de antemano la idea para que sea posible la percepción sensible y con ella la experiencia. Fue Platón el que dijo estas cosas, cabreado porque Protágoras ya había soltado el latigazo de que todo conocimiento es sólo apariencia.
Todo este rollo patatero viene a cuento de que hoy día nadie respeta la opinión del contrario porque la considera un flatus vocis, una ventosidad de la palabra, a juzgar por los repetidos encontronazos verbales que nos ofrecen a diario los representantes de la cosa pública. (Lo de ‘flatus vocis’ no es cosa mía: lo dijo en el siglo XI o por ahí un tal Roscelino de Compiègne quizá para contraponer las palabras a los hechos. De nada).
El uso de opiniones basadas en la subjetividad (sensaciones) origina abusos de índole vergonzosa y canallesca. De un lado y de otro. A ver, por ejemplo, que alguien me diga en qué se ha fundado el señor Bush para ordenar el asesinato de 18 civiles en la aldea paquistaní de Damadola. Ah, que pretendía cazar a Aymán Al Zawahiri, número dos de Al Qaeda, escondido en la aldea. Joder, ¿y qué pasa? ¿Que la CIA mata a 18 seres inocentes y nadie opina que los atacantes son asesinos? Otro error de los EE.UU, dicen. Por lo visto, aquí los errores no se pagan. ¿Por qué no se ha (con)movido la opinión pública, tanto como se mueve para otros menesters? ¿Estos asesinatos no son crímenes contra la Humanidad? Hay veces en que las opiniones se convierten en abusos y los abusos se camuflan en opiniones. Una mierda lo que opinen quienes se dedican a matar a seres inocentes. (Yo también opino según mis sensaciones).
(21-1-2006)
JUAN GARODRI
Que va a resultar cierto aquello de Campoamor, lo del mundo traidor, ya sabes, que nada es verdad ni mentira, que el color del cristal con que se mira es el único criterio de veracidad. Porque una cosa es el insoportable ajuste métrico de los versos y otra el supuesto acierto de la idea versificada. Es agobiante la tendencia que el personal tiene a mirar y a medir los acontecimientos según el cristal que le hayan puesto ante los ojos.
Suelen llamar opinión a la medida individual de un acontecimiento. Ya aseguró Parménides que la opinión no se alimenta del conocimiento del entendimiento sino del de la sensación. Quizá por eso las opiniones de unos y de otros, en esta actualidad controvertida en la que nos movemos, son encendidas y apasionadas. Si la opinión proviniese del conocimiento que proporciona el entendimiento, el gentío la acomodaría a la verdad objetiva. Ocurre, sin embargo, que cada cual acomoda su opinión a las sensaciones, y así resulta que la olla de grillos es gigantesca. Porque cada cual emite una opinión acomodada a la verdad subjetiva, a ‘su’ verdad. Es la verdad que proporcionan las sensaciones: el partidismo, el amor, el odio, los intereses, la venganza, el deseo. El gentío poco a poco se instala en la rueda de piñón fijo y excluye las opiniones de los demás por considerarlas contrarias a sus sensaciones. Carente de flexibilidad mental, el personal acumula sensaciones para juzgar a través de ellas los acontecimientos de la vida diaria, familiar, social, política, comercial. El resultado tiene que ser forzosamente negativo porque sólo a través del entendimiento puede llegarse a una exposición objetiva de la verdad admitiendo, al mismo tiempo, la verdad de los otros como posiblemente válida. De hecho, formamos la experiencia a base de percepciones sensibles, acumulamos los hechos de experiencia como el que amontona arena, y olvidamos que debe darse de antemano la idea para que sea posible la percepción sensible y con ella la experiencia. Fue Platón el que dijo estas cosas, cabreado porque Protágoras ya había soltado el latigazo de que todo conocimiento es sólo apariencia.
Todo este rollo patatero viene a cuento de que hoy día nadie respeta la opinión del contrario porque la considera un flatus vocis, una ventosidad de la palabra, a juzgar por los repetidos encontronazos verbales que nos ofrecen a diario los representantes de la cosa pública. (Lo de ‘flatus vocis’ no es cosa mía: lo dijo en el siglo XI o por ahí un tal Roscelino de Compiègne quizá para contraponer las palabras a los hechos. De nada).
El uso de opiniones basadas en la subjetividad (sensaciones) origina abusos de índole vergonzosa y canallesca. De un lado y de otro. A ver, por ejemplo, que alguien me diga en qué se ha fundado el señor Bush para ordenar el asesinato de 18 civiles en la aldea paquistaní de Damadola. Ah, que pretendía cazar a Aymán Al Zawahiri, número dos de Al Qaeda, escondido en la aldea. Joder, ¿y qué pasa? ¿Que la CIA mata a 18 seres inocentes y nadie opina que los atacantes son asesinos? Otro error de los EE.UU, dicen. Por lo visto, aquí los errores no se pagan. ¿Por qué no se ha (con)movido la opinión pública, tanto como se mueve para otros menesters? ¿Estos asesinatos no son crímenes contra la Humanidad? Hay veces en que las opiniones se convierten en abusos y los abusos se camuflan en opiniones. Una mierda lo que opinen quienes se dedican a matar a seres inocentes. (Yo también opino según mis sensaciones).
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año 2006 - 01 enero
GRIPE AVIAR
(14-1-2006)
JUAN GARODRI
La ola de pánico que empieza a extenderse por Europa a causa de la llamada ‘gripe aviar’ no deja de crecer. Los medios de comunicación, que para eso están, informan constantemente del avance de la gripe: desde Asia viene propagándose, lenta pero inconteniblemente, hacia Europa, como un esqueleto con su guadaña, tal como representó a la muerte alguno de los Brueghel en el siglo XVI. El virus H5N1 apareció por el este de Asia en el 2003, se extendió a Indonesia y a China y ya está en Turquía. Y en Rumanía y hasta en Holanda, tú, que está tan cerca. La ONU, la UE, la OMS, la FAO y demás organizaciones que tantísimo se preocupan por nuestra salud, están echando sus cuartos al pregonero y avisan de que pronto se convertirá en una pandemia que diezmará al personal, de modo que los responsables sanitarios ya pueden ir montando las defensas, con trincheras y todo. Así que ojo con patos, pavos, pollos y gallinas. Alemanes y austriacos andan preparándose a todo meter para hacerle frente porque la OMS ha dicho que el virus de la gripe aviar podría propagarse de Turquía a países vecinos, a pesar de las medidas para contener el virus. Pero vamos, que de miedo, nada. Que el personal no tiene por qué atemorizarse. Que la constante advertencia que suministran tiene la función de informar a los ciudadanos, pero, vamos, que no hay que tener miedo. No me digas, lector conspicuo, que la cosa no tiene guasa. O sea, primero asustan de cojones al gentío europeo, proporcionan a diario las víctimas del contagio vírico, resaltan el número de muertos que el H5N1 ha causado hasta la fecha, destacan los límites geográficos por los que el virus se propaga, lo comentan hasta la saciedad en la cosa mediática, hacen que los presentadores televisivos lo comuniquen con cara de circunstancias, inducen a que quien más quien menos se vaya de las patas abajo, y luego van y sueltan, como quien no quiere la cosa, que no, que no se atemorice el personal porque no es para tanto y, además, la Comisión Europea (CE) que tanto se preocupa para que sobrevivamos sanos y salvos, ha aprobado un fondo de dos millones de euros para ayudar a los Estados Miembros a vigilar y hacer análisis a las aves contra la gripe aviar en el periodo de febrero a diciembre de 2006.
Así que yo no pienso preocuparme. Con el afán proteccionista que muestran nuestros gobernantes no hay por qué acojonarse por la gripe del pollo. Ya nos protegerán contra ella, ciudadano. Somos pequeñajos que necesitan protección. No hay más que ver lo del tabaco. Una protección digna de los mejores años dictatoriales. Nada, hombre, nuestros gobernantes pueden entrometerse en todo, no sólo en lo público, que es lo suyo, también en lo privado, que para eso nos procuran un bien más común que nunca. Y si interesa, por ejemplo, que la población aumente, pues nada, promulgarán la Ley del Crecimiento Vegetativo y del Follaje. Ya lo hizo Ceaucescu en Rumanía y consiguió que la nación creciera en número de habitantes. (Yo estuve en Rumanía en la época de Ceaucescu, advierto). Este afán dictatorial, que es el virus de la gripe de la intromisión en la vida ciudadana, va extendiéndose poco a poco, como la gripe del pollo, y en España tenemos la obligatoriedad del sin tabaco (denuncia y multa si se contraviene), y en Cataluña la obligatoriedad de la inmersión lingüística (denuncia y multa si se contraviene) y en Inglaterra la ley de expulsión domiciliaria al sospechoso de maltrato, y en Francia la ley de expulsión del país al inmigrante non grato, etcétera. Sería espantoso que en democracia sólo se nos utilizara para votar. Con una buena ley de protección de salud ciudadana, ni gripe aviar ni nada. ¿Y qué haremos para cenar sin filetes de pollo a la plancha?
(14-1-2006)
JUAN GARODRI
La ola de pánico que empieza a extenderse por Europa a causa de la llamada ‘gripe aviar’ no deja de crecer. Los medios de comunicación, que para eso están, informan constantemente del avance de la gripe: desde Asia viene propagándose, lenta pero inconteniblemente, hacia Europa, como un esqueleto con su guadaña, tal como representó a la muerte alguno de los Brueghel en el siglo XVI. El virus H5N1 apareció por el este de Asia en el 2003, se extendió a Indonesia y a China y ya está en Turquía. Y en Rumanía y hasta en Holanda, tú, que está tan cerca. La ONU, la UE, la OMS, la FAO y demás organizaciones que tantísimo se preocupan por nuestra salud, están echando sus cuartos al pregonero y avisan de que pronto se convertirá en una pandemia que diezmará al personal, de modo que los responsables sanitarios ya pueden ir montando las defensas, con trincheras y todo. Así que ojo con patos, pavos, pollos y gallinas. Alemanes y austriacos andan preparándose a todo meter para hacerle frente porque la OMS ha dicho que el virus de la gripe aviar podría propagarse de Turquía a países vecinos, a pesar de las medidas para contener el virus. Pero vamos, que de miedo, nada. Que el personal no tiene por qué atemorizarse. Que la constante advertencia que suministran tiene la función de informar a los ciudadanos, pero, vamos, que no hay que tener miedo. No me digas, lector conspicuo, que la cosa no tiene guasa. O sea, primero asustan de cojones al gentío europeo, proporcionan a diario las víctimas del contagio vírico, resaltan el número de muertos que el H5N1 ha causado hasta la fecha, destacan los límites geográficos por los que el virus se propaga, lo comentan hasta la saciedad en la cosa mediática, hacen que los presentadores televisivos lo comuniquen con cara de circunstancias, inducen a que quien más quien menos se vaya de las patas abajo, y luego van y sueltan, como quien no quiere la cosa, que no, que no se atemorice el personal porque no es para tanto y, además, la Comisión Europea (CE) que tanto se preocupa para que sobrevivamos sanos y salvos, ha aprobado un fondo de dos millones de euros para ayudar a los Estados Miembros a vigilar y hacer análisis a las aves contra la gripe aviar en el periodo de febrero a diciembre de 2006.
Así que yo no pienso preocuparme. Con el afán proteccionista que muestran nuestros gobernantes no hay por qué acojonarse por la gripe del pollo. Ya nos protegerán contra ella, ciudadano. Somos pequeñajos que necesitan protección. No hay más que ver lo del tabaco. Una protección digna de los mejores años dictatoriales. Nada, hombre, nuestros gobernantes pueden entrometerse en todo, no sólo en lo público, que es lo suyo, también en lo privado, que para eso nos procuran un bien más común que nunca. Y si interesa, por ejemplo, que la población aumente, pues nada, promulgarán la Ley del Crecimiento Vegetativo y del Follaje. Ya lo hizo Ceaucescu en Rumanía y consiguió que la nación creciera en número de habitantes. (Yo estuve en Rumanía en la época de Ceaucescu, advierto). Este afán dictatorial, que es el virus de la gripe de la intromisión en la vida ciudadana, va extendiéndose poco a poco, como la gripe del pollo, y en España tenemos la obligatoriedad del sin tabaco (denuncia y multa si se contraviene), y en Cataluña la obligatoriedad de la inmersión lingüística (denuncia y multa si se contraviene) y en Inglaterra la ley de expulsión domiciliaria al sospechoso de maltrato, y en Francia la ley de expulsión del país al inmigrante non grato, etcétera. Sería espantoso que en democracia sólo se nos utilizara para votar. Con una buena ley de protección de salud ciudadana, ni gripe aviar ni nada. ¿Y qué haremos para cenar sin filetes de pollo a la plancha?
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año 2006 - 01 enero
LOS REYES MAG(NIFIC)OS
(7-1-2006)
JUAN GARODRI
O sea, que entre Thomas Nast (aquel emigrante holandés que popularizó la figura de Santa Klaus en Norteamérica) y Clement C. Moore (que extendió la de Papá Noél por Europa, tierno y vestido de rojo, navegando nubes en trineo de renos, silbando el “we wish you a merry christmas and a happy new year”) se han cargado la iconografía religiosa de los Reyes Magos. Y la del Belén. Porque, progretas como somos (el progresista prepara el futuro, el progreta desprecia el pasado) el Belén huele a trastienda de siglos, los pastorcillos, el molino, el riachuelo de peces que beben en el río, y beben y beben y vuelven a beber, esas cosas, las ovejitas diseminadas entre motas de serrín, la mujer del pan y la silueta de la posada, todo trastos de desván, cachivaches arrinconados en la troje de la inocencia, inservibles recuerdos sustituidos por el árbol de navidad con colgajos luminosos comprados en Carrefour. El Belén transmitía la ética de la adoración con el vellocino de la paz. Los Reyes Magos que venían de Oriente transportaban la ingenuidad del regalo envuelto en la lejana fragancia del incienso. Ahora que han pasado las fiestas, la caravana de los Magos adquirida entre las luminarias del centro comercial ha transmitido la infausta saturación del consumo, ese sabor insípido de la abundancia frágil.
Entre las patas de plástico de los camellos rescueldan los rencores, cada día más atizados y firmes. No acabo de entender la incruenta batalla verbal (no menos dolorosa que sangrienta) a la que se prestan determinadas páginas de la prensa escrita. Estábamos acostumbrados a ello cuando se abría el plazo de las campañas electorales. A pedrada limpia. El personal sabía que la campaña electoral era el tiempo propicio de la promesa y el insulto, casi siempre más promesas que insultos. Ahora no. Ahora los Magos no han traído oro, incienso y mirra. Han transportado la sangre y los conflictos de Oriente como si transportasen los tejidos de Damasco. Saben que tienen sus compradores, un comercio repugnante en el que participan los amos del mundo, saben ustedes, armas y petróleo. Los Magos de Oriente ponen las guerras y los amos ponen lo otro. Y después, a jugar con la ilusión de los niños.
No sé quién haría castillos de naipes, pero la frase corre que se las pela. Así que los castillos de naipes de las ilusiones se desmoronan con rapidez sorprendente, tanto de un lado como del otro. Las armas no son peligrosas, el tabaco sí. Atraído el personal, y seducido, por la exagerada publicidad que promete la victoria sobre el tabaco, trepa a las jorobas de los camellos con la excesiva confianza de proclamarse vencedor en una batalla que es de perdedores. Porque, por muchos artilugios promisorios que cuelguen de las jibas de los artiodáctilos, el día 1 de enero los fumadores han seguido fumando. La mayoría de los bares no han prohibido la humareda, con el razonamiento simple de que quien quiera entrar que entre. Con lo que siguen entrando los mismos, los de siempre, los que acompañan la cerveza o la copa con la chispa olorosa del cigarro. Se convertirán en humo los hipócritas deseos de la Sanidad Pública que pretende salvar a la gente como sea, a la fuerza, por Ley, que es el colmo de la voluntad salvífica. También la Santa Inquisición torturaba para salvaguardar la fe. Y encima la llamaban santa. La Ley Antitabaco pretende acometer la empresa de eliminar el cáncer de pulmón, lo cual que es mentira. Su verdadera intención es ahorrar costes al erario público. Nadie en su sano juicio se traga el bolo del actual proteccionismo exacerbado. Así que los Magos magníficos se deslizarán por las nicóticas estepas de la salud pública y distribuirán puzzles de herbolario para propagar la forma física y el fitness de revista.
(7-1-2006)
JUAN GARODRI
O sea, que entre Thomas Nast (aquel emigrante holandés que popularizó la figura de Santa Klaus en Norteamérica) y Clement C. Moore (que extendió la de Papá Noél por Europa, tierno y vestido de rojo, navegando nubes en trineo de renos, silbando el “we wish you a merry christmas and a happy new year”) se han cargado la iconografía religiosa de los Reyes Magos. Y la del Belén. Porque, progretas como somos (el progresista prepara el futuro, el progreta desprecia el pasado) el Belén huele a trastienda de siglos, los pastorcillos, el molino, el riachuelo de peces que beben en el río, y beben y beben y vuelven a beber, esas cosas, las ovejitas diseminadas entre motas de serrín, la mujer del pan y la silueta de la posada, todo trastos de desván, cachivaches arrinconados en la troje de la inocencia, inservibles recuerdos sustituidos por el árbol de navidad con colgajos luminosos comprados en Carrefour. El Belén transmitía la ética de la adoración con el vellocino de la paz. Los Reyes Magos que venían de Oriente transportaban la ingenuidad del regalo envuelto en la lejana fragancia del incienso. Ahora que han pasado las fiestas, la caravana de los Magos adquirida entre las luminarias del centro comercial ha transmitido la infausta saturación del consumo, ese sabor insípido de la abundancia frágil.
Entre las patas de plástico de los camellos rescueldan los rencores, cada día más atizados y firmes. No acabo de entender la incruenta batalla verbal (no menos dolorosa que sangrienta) a la que se prestan determinadas páginas de la prensa escrita. Estábamos acostumbrados a ello cuando se abría el plazo de las campañas electorales. A pedrada limpia. El personal sabía que la campaña electoral era el tiempo propicio de la promesa y el insulto, casi siempre más promesas que insultos. Ahora no. Ahora los Magos no han traído oro, incienso y mirra. Han transportado la sangre y los conflictos de Oriente como si transportasen los tejidos de Damasco. Saben que tienen sus compradores, un comercio repugnante en el que participan los amos del mundo, saben ustedes, armas y petróleo. Los Magos de Oriente ponen las guerras y los amos ponen lo otro. Y después, a jugar con la ilusión de los niños.
No sé quién haría castillos de naipes, pero la frase corre que se las pela. Así que los castillos de naipes de las ilusiones se desmoronan con rapidez sorprendente, tanto de un lado como del otro. Las armas no son peligrosas, el tabaco sí. Atraído el personal, y seducido, por la exagerada publicidad que promete la victoria sobre el tabaco, trepa a las jorobas de los camellos con la excesiva confianza de proclamarse vencedor en una batalla que es de perdedores. Porque, por muchos artilugios promisorios que cuelguen de las jibas de los artiodáctilos, el día 1 de enero los fumadores han seguido fumando. La mayoría de los bares no han prohibido la humareda, con el razonamiento simple de que quien quiera entrar que entre. Con lo que siguen entrando los mismos, los de siempre, los que acompañan la cerveza o la copa con la chispa olorosa del cigarro. Se convertirán en humo los hipócritas deseos de la Sanidad Pública que pretende salvar a la gente como sea, a la fuerza, por Ley, que es el colmo de la voluntad salvífica. También la Santa Inquisición torturaba para salvaguardar la fe. Y encima la llamaban santa. La Ley Antitabaco pretende acometer la empresa de eliminar el cáncer de pulmón, lo cual que es mentira. Su verdadera intención es ahorrar costes al erario público. Nadie en su sano juicio se traga el bolo del actual proteccionismo exacerbado. Así que los Magos magníficos se deslizarán por las nicóticas estepas de la salud pública y distribuirán puzzles de herbolario para propagar la forma física y el fitness de revista.
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