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viernes, 23 de octubre de 2009

AVE CAESAR
(29-1-2005)
JUAN GARODRI


Sin coma. La coma es cosa de los gramáticos. Cuando los gladiadores romanos volvían el torso hacia el emperador y gritaban aquello de “Ave Caesar imperator morituri te salutant”, en lo que menos pensaban era en las comas. Las comas vinieron después, con los gramáticos. Casiodoro escribió una ‘Ortografía’, obra de tipo gramatical que suministró muchas de sus bases a la enseñanza medieval. En la época de Casiodoro, los gramáticos seguían dando sus clases en el Foro de Trajano, aunque probablemente no se preocupaban de las comas sino de la sabiduría antigua y de la erudición griega. Así que ‘Ave Caesar’. Hoy día tendríamos que girar el torso, gladiadores esmirriados del conflicto diario, hacia nuestros políticos y mandamases y gritarles: “Ave Caesar imperator, itineraturi te salutant”, los que van a viajar te saludan. Por lo del AVE. El chiste es malo. Pero no se me ha ocurrido otro mejor.
Andábamos desasosegados los extremeños. Veíamos esfumarse las expectativas de que una línea de ferrocarril rápida y moderna pasase por Extremadura. Escarmentados. Siempre nos ha tocado la china. Aquí se produce la materia prima. En otras regiones se instalan las fábricas para la transformación y producción de esas materias primas. Con el AVE podía ocurrir lo mismo. Lo temíamos. Por fin, el AVE se sosiega. Doña Magdalena Álvarez acaba de aclarar «al presidente de la Junta y a los representantes sindicales y empresariales que lo acompañaban» que el tren de alta velocidad entre Madrid y Lisboa entrará en funcionamiento en la fecha prevista del 2010. De ahí que yo, personalmente, salude a nuestro presidente con el grito de un gladiador romano, bien que actualizadamente pedestre y esmirriado: “Ave, Caesar imperator, itineraturi te salutant”, (ahora ya con comas, para actualizar la grafía) los que van a viajar te saludan. Hay algo, sin embargo, que no me gusta en este asunto: el rédito político que señalados mandamases pretenden sacar del asunto. Unos dicen que gracias al anterior gobierno del PP tendremos el AVE, otros que gracias al actual gobierno del PSOE lo tendremos. Y se tiran los trastos a la cabeza. Cuándo se darán cuenta los políticos de que a la mayor parte de la ciudadanía (excepto a los afiliados, hinchas y forofos de tal o cual partido) lo que le interesa es la consecución del objetivo, el AVE en este caso. Lo de menos es qué partido político lo consigue. Esas luchas entre partidos hacen no poco daño a los ciudadanos. El desconcierto es patente. Y muchos se preguntan qué buscan los políticos con la política. O quizá mejor: qué buscan los políticos en la política. ¿El bien de la ciudadanía en general? La gente lo duda. Basta que un grupo político proponga un objetivo para que los enemigos políticos propongan lo contrario. A nivel nacional, autonómico o local. En Coria, sin ir más lejos, las Asociaciones de Padres, los Centros educativos y las Asociaciones de vecinos invitan a todos los ciudadanos a asistir al Pleno Ordinario del Ayuntamiento el día 28 de enero (por ayer) para exigir la inmediata construcción de un nuevo instituto de Educación Secundaria. La cosa colea desde hace varios años. Según leo en HOY (E. Paniagua), «desde la Consejería de Educación manifiestan que de hecho el instituto previsto para Coria está presupuestado desde hace ya dos años, que el dinero está ahí y que sólo están pendientes de que desde el Ayuntamiento les digan cuáles son los terrenos para su construcción». Los políticos locales se culpan unos a otros de no haber trabajado en la consecución de esos terrenos. Mala cosa la búsqueda exclusiva del rédito político. ¿Quién paga las consecuencias? El ciudadano de a pie, pagano que ni pincha ni corta. Ave Caesar, (donaturi te salutant) los que van a pagar te saludan.

jueves, 22 de octubre de 2009

UN OLOR TAN PEQUEÑO
(22-1-2005)
JUAN GARODRI


El olor era algo tan pequeño que apenas trascendía, era algo que acompañaba externamente al cuerpo arañando el deseo de los frutos de aquel árbol prohibido. Éramos pequeños. Hace tantos años. Después fue cambiando el rumbo de la vida y los atardeceres se mudaron. Y el olor del trabajo se extendía por ambos brazos y las generosas primeras gotas del sudor humano refundieron la espalda con aroma que manaba del músculo y cansaba y era bueno sentirse fatigado. La gente trabajaba desde el amanecer. Y el alba desprendía un olor inocente que alimentaba la fatiga diaria.
Mi amigo Machaco (interpretado entre las dimensiones de sus esculturas, lucha ahora con un minotauro descomunal y hercúleo) me dice que no existe olor tan penetrante como el olor de la guitarra que acariciaba de pequeño, un olor que recuerda como un rostro, un olor actual y ciudadano al que no ha abandonado, que no ha olvidado sino que lo habita y que a veces lo revive y lo equilibra dentro de sus alucinaciones.
Olían los objetos a infancia radiante y acertada. Los lápices, cuadernos, gomas y tinteros desprendían el aroma de la escuela. Y a pesar del brazo en alto frente al cuadro de Franco, a pesar de las collejas del maestro y de los caralsoles y banderas, el olor del jersey tejido a mano por la abuela dejaba tras de sí un rimero de lanas inexpertas y nuevas.
El río en el verano se peinaba con juncos de la orilla y el olor de los peces traspasaba el pedazo de pan de la merienda. A veces mi madre adornaba con una cucharada de miel la estrecha rebanada y el olor pegajoso y dulce perduraba en los dedos durante toda la tarde. La miel te prestaba un olor satisfecho, de abundancia infantil y heterogénea que discurría entre las escaseces y la cartilla del racionamiento como un riachuelo de excepcionalidad.
La feria de San Pedro (29 de junio) era la feria del olor y la animación. Los puestos de dulzainas en el Rollo atraían la presencia infantil de los sentidos ante la pegajosa dulzura del turrón de miel y almendra, que la mujer de La Alberca (pañoleta y saya negra) partía con un hacha y regalaba a los presentes las migajas. En la Corredera se extendía el olor penetrante del cuero curtido: los puestos de los curtidores de Torrejoncillo exponían a la venta sus productos, zapatos y botas de cuero para el invierno, aparejos para las caballerías, colleras, cabezales y albardas, toda la sencillez olorosa del aprovisionamiento.
¿Qué a qué viene este rollo sentimental y delicadamente sensitivo? Pues viene a que el olor de ahora es pura mierda, escatol en estado puro, ese gas putrefacto que emana de las cosas excrementicias. Piensen ustedes en los noticiarios, pura basura rimada, el egoísmo político de los nacionalismos, la violencia doméstica y la mentira injustificable de la guerra de Irak que, aunque ya ha dejado de ser noticia porque no vende, no cesa en su cruento goteo de muertes diarias.
La publicidad de la perfumería es un prodigio de técnica digital e infográfica. El personal adquiere sofisticadas esencias que disimulan la carencia interior que lo avasalla, el perfume del atractivo físico, el poderío sexual que transmiten unas gotas en el cuello o detrás de las orejas. El gentío se transforma en el modelo publicitario, de cuerpo perfecto y de insinuaciones ondulantes.
Jamás, sin embargo, el ser humano ha olido peor, a lo que parece. El odio, el egoísmo y la insolidaridad huelen que apestan. Y el sano olor tranquilo de la infancia se ha transformado en un viento insalubre que corrompe lo poco que nos queda de inocencia. Tenemos la conciencia forjada de elastómero, tan acostumbrados al móvil y a la tarjeta de crédito, tan dominados por el plástico y el ansia desatinada de los bancos y sus comisiones de mantenimiento, el arte inaceptable de cobrar por todo. Mientras los grandes escándalos financieros rodean el mundo como una línea obsidional, millones de seres humanos se van a criar malvas. Apestoso.
Mi tío Eufrasio me recrimina esta actitud pesimista y derrotada. Le respondo que sí, que no le falta la razón. Pero mientras siga viendo lo que veo y oyendo lo que oigo, la escatología (acepción 2) me obliga a taponarme la nariz.
EL AULA
(8-1-2005)
JUAN GARODRI


Año Nuevo, vida nueva. Es el sonsonete de siempre. Dolor de corazón, esa vida pasada. Propósito de la enmienda, ese futuro lábil. El año 2004, repleto de acciones reprobables (¿habrá que recordarlas?), negras como pozos, profundas como abismos. Las hemos realizado. Las hemos padecido. A otros compete la solución, la enmienda. Año Nuevo, vida nueva. Que se lo digan a los alumnos, que se lo digan a los profesores. Vida nueva, ¡qué risión! Quién fue el iluso que ideó la frase. Vida nueva. Aulas repletas de tecnología y ordenadores. Aulas vacías de esfuerzo y buen comportamiento. Hace algo más de un año (HOY, 5-10-03) escribí en estas mismas páginas una Tribuna titulada “Lo de los ordenadores”. En ella criticaba razonadamente, razonablemente, el ‘atiborramiento’ de ordenadores en el aula. No critiqué la importancia del ordenador como instrumento formativo para ser utilizado en el aula. Critiqué, ya digo, su atiborramiento: un ordenador por cada dos alumnos. La Junta de Extremadura lanzaba a bombo y platillo la decisión de atiborrar de ordenadores las aulas. Tecnología a punta pala. No fui entendido. La Consejería de Educación contestó con otra Tribuna (aunque sin nombrarme) en la que se resaltaba la importancia del ordenador en el aula (cosa que jamás puse en tela de juicio) y en la que se aseguraba, además, que personas sin el suficiente conocimiento del tema se atrevían a criticar la acción educativa de la Junta. (Supongo que se refería a mí, autor de la Tribuna criticona. Admitiendo el supuesto, asegurar que no conozco el tema de la educación en el aula es algo así como asegurar que Luis Aragonés no entiende de fútbol por proferir frases de contenido racista. Inmodestia). Año Nuevo, vida nueva. Ordenadores y nueva tecnología. Aulas hay en que los alumnos han arrancado las bolitas de los ratones y, además, han cambiado el orden convencional de las teclas, con lo que el teclado se ha convertido en un divertido y apasionante juego burlesco y carcajeante cada vez que el profesor/a decide la utilización ‘didáctica’ de los artefactos.
Año Nuevo, vida nueva. Aprender a sobrevivir en el aula. La agresión psíquica (y la física) va generalizándose y a diario hay que convivir con insultos y amenazas de algunos alumnos/as que no permiten el normal desarrollo de la clase. Los técnicos apesebrados en las instancias educacionales ignoran ¿deliberadamente? que el funcionamiento del sistema educativo no depende de la política sino de la docencia, y olvidan ¿deliberadamente? que la solución al deterioro educativo (que aumenta cada día, digan lo que digan los demás, pregunten si no al profesor/a o al maestro/a que se escoña a diario contra la actitud desinteresadamente despectiva de los asistentes) no depende sólo, digo sólo, la solución no depende sólo de la tecnología y el aumento presupuestario de medios: depende de que el profesorado recupere la autoridad perdida y se impida que a los alumnos/as les resulte gratis ser violentos. La violencia irrumpe con fuerza en las aulas españolas. Si es cierto lo que leo en un informe actualizado, un 21,7 % de profesores reconoce haber sufrido violencia física y cerca de un 40 % violencia verbal. Me llamaron demagogo cuando conté la anécdota de la joven profesora, traumatizada por la frase que le espetó un alumno. Acababa de reprenderlo porque el tipo le había lanzado el borrador contra la espalda al tiempo que ella escribía en la pizarra. No aceptó la reprensión el tipejo, se le acercó y, acompañándose de un gesto obsceno, gritó: «¡Voy a hacerme una paja por ti, belleza!». Gracioso ¿no?.
Entretanto, los sabios conejos de la Educación discuten si son galgos (Logse) o podencos (Loce) los perros que se acercan por el sendero.