Mostrando entradas con la etiqueta año 2005 - 12 diciembre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta año 2005 - 12 diciembre. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de noviembre de 2009

SIN BOMBO NI PLATILLOS
(24-12-2005)
JUAN GARODRI


Este año que hasta las televisiones se han instalado en la orilla laicista y ni ponen belenes ni nada (para no herir la sensibilidad, respetuosos que son con el gentío), pues como que a uno no le queda más remedio que hablar de lo del bombo y los platillos.
El bombo parece bobo. No tienes más que quitarle la eme. Los platillos parecen de hojalata. No tienes más que quitarle la hoja. Además, el bombo parece un bobo solemne porque no hace más que resonar en vano, que así se tomaba antiguamente el nombre de Dios cuando se juraba sin fundamento. Los platillos parecen viejos patriotas, que han perdido su antiguo esplendor resonante oxidados por el gesto cansino de la percusión, que hasta el cimbalero del címbalo se ha cansado de hacer sonar el bronce. Sin bombo ni platillos, triste orquesta. Que esta noche es Nochebuena y el címbalo y el rabel de los villancicos castellanos han perdido el lustre del pueblo ilustre, perdidos entre la bullanga de los supermercados y el miedo del gentío a no ser feliz. Plauto y Terencio hubieran expresado de forma insuperablemente irónica, enredados en alguna farsa atelana, el espectáculo triste de esta orquesta sin bombo ni platillos. Hasta los cómicos de la legua portaban en sus carromatos su bombo y sus platillos para acompañar las piruetas de la cabra y del oso. El bombo tal vez no fuera un bombo sino un viejo parche descosido que simulara el ritmo necesario. La Commedia dell’Arte surgió sin bombo ni platillos, pero no los necesitaron. Los numerosos monólogos, las discusiones, las dobles caras y las confusiones contribuían al alboroto. Los actores, con sus discusiones e insultos, necedades y extravagancias, pretendían burlarse del contrario y hacer reír al gentío a costa de su descalificación. Se insultaban sin destemplanza. El insulto entre protagonistas (convertidos en antagonistas) hace vibrar de agitación al pueblo. No hay como el insulto para excitar a la risa, al carcajeo y al jolgorio. El espectador deposita en el insultado una venganza ajena, un turbio descontento que cada uno resiente quizá debido a ocultas humillaciones personales que ahora escupe cuando escucha el insulto del otro, sobre todo si ese otro es personaje importante. Así que en el insulto se asienta la patachoda de la comedia barata. Porque hay que entretener al personal en la plaza del pueblo. Sin ruido y sin baraúnda no es posible divertir al personal. Arlequín y Colombina quizá no utilicen ni bombo ni platillos, pero se las arreglan para divertir al público mientras improvisan sobre la marcha, adaptándose al auditorio; así manifiestan aquello que al público le gusta oír. Polichinela, eternamente lánguida, desarrolla por medio de la improvisación la filosofía de sí misma: una bomba sin eme de la melancolía (los bombos sin eme también son melancólicos).
Un bombo sin eme se queda en nada. Es la eme, precisamente, la que produce el retumbar del bombo. El director de orquesta puede marcar el ‘tempo’ de la interpretación y darle entrada al bombo, pero si el bombo no tiene eme la resonancia se queda flojicorta, con lo que no tienen más remedio que apretar los contrabajos. Do-fa, do-fa, do-sol, do-sol, do-fa. Como locos los contrabajos, dale que te pego a los saltos de cuarta y quinta, para ver si consiguen remediar lo del bombo. Si los platillos no tienen hoja, se quedan en la desnudez de la pura lata, con lo que suenan a fanfarria de verbena populachera. Una lástima los platillos sin hoja. Su aleación cupriargéntea no resiste el recorte y se quedan sin eco, esa repercusión metálica que taladra los tímpanos con miles de corcheas (el eco de los platillos, quiero decir).
Sin bombo ni platillos. Sin bobos ni hojalatas. Dejémonos de orquestas. El único bombo que emociona al gentío es el de la lotería de Navidad. Como anteayer.

domingo, 15 de noviembre de 2009

ESTUPIDECES
(17-12-2005)
JUAN GARODRI


Bueno, pues hoy va la cosa de lo que uno lee y oye por ahí últimamente. Estos días de puente (pertenezco al grupo de los tipos raros que no viaja durante los puentes, sobre todo sin son excesivamente largos, ya sabes, ponerse uno a viajar en un puente como el de la Constitución Inmaculada —¿o inmaculada constitución?— es comprar un décimo de la lotería de la muerte, 100 muertos este año, qué barbaridad) me dio por leer unos estudios de Roy C. Macridis y Mark-Hulling sobre la cosa de las ideologías. Qué bárbaro, no son las emociones ni las conmociones las que nos impulsan a actuar sino las ideologías. Tú vas por ahí, tan tranquilo, con tu taxi, buscando el curre nocturno para ganarte los garbanzos, y va un hijo de puta y te corta el cuello. Pues nada, probablemente, ha actuado a impulsos de su ideología. Y es que las ideologías son la leche, sobre todo si es una ideología contraria a la que alimenta tus descomposiciones neuronales. Hay quien asegura que la sociedad actual está totalmente mediatizada (idiotizada) por el consumismo debido a su irreversible identificación con la falta de valores. Esta ausencia de valores tiene una causa: la desaparición de las ideologías. Toda ideología, que en el plano teórico desarrolla un cuerpo de doctrina coherente, en el plano práctico se traduce en unos comportamientos que empujan a actuar en un sentido determinado: son los valores inherentes a esa ideología. Así que, oh lector, si la sociedad carece de valores es porque las ideologías (soporte de esos valores) se han derrumbado. ¡Cataplaff! A la muerte de Dios, aseverada por el irracionalismo intuicionista de Nietzsche, se une ahora la muerte de las ideologías, o al menos su infarto de miocardio. Pero no te turbes, lector conspicuo, que para eso están Macridis y Hulling dispuestos a la implantación del bypass ideológico. Sostienen los tíos que de morir las ideologías, nada. Que las ideologías perviven y constituyen en sí mismas el ‘sustento’ actitudinal de todos y cada uno de los seres humanos. ¿Entiendes, tronco? ¿Entiendes por qué la zapatiesta entre Rajoy y Zapatero se mantiene en plena efervescencia? La ideología de cada uno. Además, naturalmente, a esto hay que añadir la analogía fonética entre Zapatero y zapatiesta, que es como echar leña al fuego. Y añadirás también la no menos analógica (con)fusión entre Rajoy y rajar: ¿qué va a hacer el hombre sino eso, rajar constantemente de la zapatiesta?
Ahora bien, para la cosa de las ideologías nada tan sutil como esta frase leída en el teletexto, frase pronunciada por dama de alta representatividad nacional digna de consideración: «La verdadera igualdad se producirá cuando haya tantas mujeres tontas como hombres tontos en puestos importantes». ¿Es una agudeza clarividente o es una cagada del estreñimiento ideológico? ¿Qué ideología la ha impulsado a equiparar a las mujeres tontas con los hombres tontos para desempeñar puestos importantes? ¿O tal vez quiere decir que los puestos importantes están desempeñados por hombres tontos cuando hay tantas mujeres no tontas que podrían desempeñarlos? ¿O quizá sugiere que los hombres tontos lo son porque carecen de ideología adecuada para desempeñar el puesto importante? ¿O, finalmente, oculta la idea de que la abundancia de hombres tontos predomina sobre la carencia de mujeres tontas? En fin, la encrucijada ideológica se entremezcla y enmaraña como red de pescar y tal vez por eso los catalanistas aseguran que no es por ideología, no tú, la instalación de oficinas de denuncia para sancionar el no uso del catalán sino para defensa de su identidad ‘nacional’. Carod-Rovira tendrá bigote pero su ideología es limpia como otra patena (la primera fue la de Zapatero). Por eso afirma que el PSOE no le hace el caso que debiera porque está acojonado por la cosa del boicot. Esta ideología limpia (a costa de la ideología ajena) se merece una estatua.
MEDITACIÓN
(10-12-2005)
JUAN GARODRI


Naturalmente, meditación espiritual. Estos (norte)americanos es que son capaces de practicar el surfing con papel de estraza. Ahora nos salen con los beneficios de la meditación espiritual. Jo, tío, es el descubrimiento del mediterráneo interior. Meditación espiritual versus meditación secular. Lo ha conseguido un equipo de la universidad de Ohio, la Bowling Green State University. (Que viene a ser algo así como la Universidad Estatal de Campo de Bolos. ¿Será un bolo la cosa de la meditación espiritual?). Resulta que el equipo investigador ha descubierto que «la meditación espiritual es más relajante y eficaz contra el dolor que la secular». La contraposición no es adecuada si, según entiendo, la noticia atribuye a la meditación espiritual el hecho de pensar en Dios y sus divinos misterios y, por el contrario, a la meditación secular el pensamiento que gira alrededor de uno mismo. Saben ustedes, esas frases sacadas de los florilegios norteamericanos (Selecciones del Reader’s Digest, por ejemplo) para estimular la autoestima: estoy contento, soy feliz, la vida es bella, benefíciese del cepillo dental, a la ancianidad sin el tabaco, media hora de footing diario…
Se medita en el amor que Dios ha manifestado a los hombres, en las verdades teológicas, en los frutos salvíficos de la redención o en la salvación del alma. Pero no sé hasta qué punto es apropiado meditar en una demostración matemática. En el teorema de Pitágoras se piensa, o se discurre. Pero no se medita. A no ser que la sensibilidad teórica se mantenga tan a flor de piel que el solo pensamiento de la proposición científica susceptible de ser demostrada haga saltar las lágrimas al enamorado de los axiomas. No es raro. Yo conocí en Salamanca a un padre jesuita, profesor de griego clásico, que lloraba cada vez que recitaba de memoria los pasmosos y épicos versos de Homero que narran la cólera de Aquiles. Pero vamos, no es el caso. Aquí de lo que se trata es de que la meditación espiritual, esa que utiliza las frases de «Dios es amor» o «Dios es paz» o «Dios te ama», repetidas una y otra vez en el turbio interior de la conciencia, resultan relajantes e incluso eficaces contra el dolor físico o moral, contra la ansiedad y el estrés. Cosa que no consigue la ‘meditación secular’ (estoy contento, soy feliz, el Madrid es el mejor equipo del mundo, cosas así).
Que la meditación espiritual produce beneficios psicológicos es cosa sabida desde antiguo. Las personas de vida contemplativa adquieren la paz interior porque “creen” en los efectos de la meditación. El creyente busca, con la aceptación (fe) de una realidad trascendente, la interpretación de la realidad circundante. El problema del dolor, de la injusticia, del sufrimiento de los inocentes, del mal, encuentra así una interpretación que tranquiliza y sosiega. Ese es el fruto de la meditación espiritual. Otros buscan la interpretación tranquilizadora de la realidad en el budismo o en otras filosofías de la vida. Y también encuentran sosiego. Como las monjitas con sus rezos letánicos. Paz y tranquilidad.
Y puesto ya en plan de didactismo benefactor, prefiero cien veces la frase-ejemplo de meditación espiritual «Dios es amor», tan vacía de contenido según muchos, a la estupidez televisiva de Eva Noche: «La vida es un pedo que suena por dos y huele por tres», ejemplo apodíctico de meditación secular. Aunque puede que haya alguien (muchos) a quien tranquilice la roña escatológica de la ordinariez. Que le aproveche.
MEN IN BLACK
(3-12-2005)
JUAN GARODRI


Estamos de luto. Hombres de negro. Y también las mujeres, por supuesto. Women in black. Y no solamente por el triple asesinato de los joyeros de Castelldefels, sino por los homicidios diarios que sin cesar aparecen en cada crónica de los telediarios, de los boletines informativos, de las noticias de prensa. Violencia doméstica. Mujeres asesinadas, torturadas, quemadas, defenestradas. ¿Qué pasa en España?, decía el sábado anterior. (A propósito: la metí doblada con lo de «Esta España mía, esta España nuestra», que atribuía a Ana Belén. Un lector avisado me dijo, “Oye, que no fue Ana Belén, que fue Cecilia la que cantó lo de la España mía, la España nuestra. Te has colado, listo”. Efectivamente, me colé. Con las manos juntas, en humilde actitud de súplica, pido disculpas al personal lector. Está visto que no es lo mío la cosa de la canción). Preguntaba hace un rato qué pasa en España. Con lo de los asesinatos casi diarios. Suelo elegir para mis artículos acontecimientos que la gente comenta en la acera, en el bar, en la tienda, en el paseo. Y la gente está que trina. La acusada inseguridad ciudadana que padecemos pone de uñas al personal. El gentío rechaza la permisividad que ha instalado el sistema. No particularmente la permisividad de la policía con los delincuentes sino, sobre todo, la permisividad de unas leyes que supuestamente los favorecen. ‘Entran por una puerta y salen por otra’, claman. Es natural que la policía, la guardia civil, los encargados de mantener el orden, se inhiban en muchos casos (y esto si no reciben órdenes ‘de arriba’ para la no intervención), porque ocurre que se juegan el pellejo para detener a los delincuentes y ven con cabreada sorpresa que están de nuevo en la calle a las pocas semanas o a los pocos meses de su detención. Otros vocean contra los jueces. Qué coños de justicia tenemos. Así y todo, parte del gentío comprende que la mayoría de los jueces se atiene a la ley, se limita a aplicarla, y admite que no son culpables de que la ley ‘esté así’. Habrá entonces que cambiar la ley, claman los inconformes. Porque, vamos a ver, si se pretende modificar parte de la Constitución para dar cabida al Estatuto catalán, ¿por qué no se puede modificar el código penal? Nada de favorecer al delincuente. El que la hace, que la pague. Siempre que se demuestre su culpabilidad, naturalmente. Nada de reinserción y otras gilipolleces. Si a un tipo le caen 20 años, que los cumpla en la cárcel sin restarle un solo día. Lo de la reinserción y la condonación de la pena es un avance progresista, cierto, fruto de un sistema democrático que funciona. Pero no todas las teorías progresistas sientan bien a la democracia. Algunas incluso la perjudican. Como ésta de soltar a los presos, así por las buenas. Dime a ver quién le reinserta la vida a los joyeros de Castelldefels, o a la mujer quemada por su pareja, o al padre que recibió las puñaladas del hijo, tipejo. ¿Quién reinserta a las 315 mujeres que murieron a manos de sus maridos, parejas o ex compañeros, entre 1999 y 2003? En 2004, 72 mujeres fueron asesinadas. En lo que llevamos de 2005, más de 60. ¿Quién las reinserta en la vida?
Estamos de luto y la gente de la calle así lo siente. No hace falta vestirse de negro, cierto. Ya lo hacen, no sé si será por alivio de luto, los intelectuales. Aunque no creo que la negritud del atuendo aumente la capacidad intelectual. Por aquello de la mona vestida de seda, ya saben.