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sábado, 26 de diciembre de 2009

EL DAÑO QUE NO CESA
JUAN GARODRI
(28-10-2006)

Es evidente que los acontecimientos en los que actualmente se mueve la sociedad política están causando (y pueden causar) un daño enorme a la democracia. Existe una penalización conceptual de la ciudadanía a la democracia. Pena de daño. O lo que es lo mismo, separación y distancia, disociación, privación. Cuando existía el infierno (lo digo porque dicen que ya no existe puesto que no es ‘un lugar’, lo cual que no deja de ser una broma pesadísima, tantos siglos asustando al personal para nada), se disponía en él de dos clases de penas: pena de daño y pena de sentido. La de sentido consistía en achicharrarte como pollo asado sin que el achicharramiento acabase jamás. La de daño consistía en permanecer para siempre (eternidad) separado de Dios, privado de su visión beatífica. El castigo infernal consistía, fundamentalmente en la pena de daño, por ello los teólogos medievales, confeccionadores minuciosos de tal doctrina, llamaron ‘damnati’ a los que iban a parar de cabeza al infierno. No dejaba de ser una idea, aceptada como realidad. Era una interpretación del ser, curiosamente adelantada en años a la teoría de la ciencia, de Fichte, cuando establece la idealidad como realidad.
Tomando por los pelos el asunto del daño, ¿qué otra cosa hacen los políticos sino condenarnos a la pena de daño? La sociedad va separándose de ellos, y día vendrá en que muchos, quizá la mayoría de los ciudadanos, prefiera el alejamiento y la privación de su presencia. La corrupción política y, sobre todo, urbanística, trae de uñas al personal. Si unos atribuyen a dos ex alcaldes madrileños del PSOE el ingreso de unos milloncejos en Andorra, otros cazan a un concejal del PP que dice, el tío: «De los 30.000 millones yo quiero mi 11 %, tú me das la pasta y yo me piro». En plan mafioso, tú. Y en este plan por todas partes. ¿Cómo los representantes de la democracia pueden ser antidemócratas, según se desprende de los hechos? El guirigay belicoso que azota a los partidos políticos es un ejemplo de daño. Resulta que la democracia, en estos casos, se convierte en un extraño sistema que no genera demócratas.

viernes, 25 de diciembre de 2009

CONSECUENCIAS
JUAN GARODRI
(21-10-2006)

Efecto o consecuencia. Con ‘o’ disyuntiva. (Entiéndase esta coordinación como algo que se excluye entre sí, es decir, si opto por el efecto elimino la consecuencia, y al revés). Una de dos. Efecto es aquello que se (con)sigue por virtud de una causa. Me decido por la consecuencia, tomada en sentido filosófico, es decir, la proposición que se deduce de otras, con enlace tan riguroso que, admitidas o negadas las premisas, es ineludible el admitirla o negarla.
Llegados a este punto, quiero recordar la guerra de Irak (¿o ya no es guerra? ¿O ya no hay guerra?). Parece que se ha olvidado lo de Irak. Ya no vende. Ni siquiera los boletines de noticias señalan que cada día muere un extremado número de personas en Irak, a consecuencia de la guerra. Y el personal se queda tan fresco. Una epidermis resbaladiza cubre los costillares y los muertos se deslizan sobre la acomodada conciencia occidental como el gel de la ducha diaria. Los cerca de 700.000 muertos en Irak desde el 2003, a consecuencia de la invasión que sufrió el país en esa fecha, supone un 75 % más de los que se había cargado Sadam Hussein en 24 años. ¿Implantar la democracia? El contenido léxico de ‘implantar’ conlleva un significado como de imposición de leyes sin contar con la voluntad de aquellos a quienes se les implanta la democracia. Tal vez por eso el presidente sirio Asad sostuvo por entonces que la guerra de Irak era un plan de Washington para que Israel dominara toda la zona. Tal vez por eso, antes de que empezara la guerra, Bush ya había firmado contratos millonarios para la posterior reconstrucción de Irak.
Volviendo al principio. Consecuencias. Si admitimos, pues, que Bush, Blair y Aznar se reunieron en las Azores para acordar la eliminación de Hussein y la implantación de la democracia (juá, juá, a una invasión en toda regla la llaman los tíos implantación de la democracia), habremos de admitir que todas las personas muertas en Irak desde esa fecha constituyen una consecuencia del deseo ajeno de implantar la democracia. (¿No? Vaya. ¡Estoy sordo!)
AISTHESIS
JUAN GARODRI
(14-10-2006)


Como todos los años, desde que colaboro en HOY, también éste fui invitado a la Gala de entrega de los Premios Extremeños de Hoy 2006. Soy un grano de arena en la perfección de la plaza de Santa María de Cáceres. ¿Cómo explicar la acción de la piedra sobre el alma? Me agarro a la época helenística (sin pretensión pedante, por supuesto), a la explicación que el estoico Crates de Malos expone sobre la “aisthesis”, esa doble facultad de percepción que posee el alma: asimilación de propiedades sensibles, por un lado, y percepción de la medida y el equilibrio, por otro. La belleza de la plaza de Santa María produce el optimismo estético del que habla Plotino. Lo bello no es nada más que bello, puesto que no está en él lo no-bello.
Difícil encontrar un asiento cercano a la puerta sur de la Cocatedral. Bingo. Varias filas de sillas se ofrecen a la vista. Sin embargo un letrerito en el respaldo las reserva para las autoridades. Mientras permanecemos de pie, varias parejas de buen ver se acercan y, sin recato, arrancan el letrero y toman posesión de los asientos. “No pasa nada”, se animan entre sí. Desfachatez. Y comienza el acto. El director de HOY resalta los valores de los premiados y aprovecha para agradecer a Rodríguez Ibarra su consecutiva fidelidad asistencial a la gala durante 18 años. También alaba su “honradez, valentía y claridad a la hora de defender la unidad de España y la solidaridad territorial”. Ha sido el momento del unte, pienso. José Luis Sáez, presidente de la FEB, también aprovecha su turno para extenderse en la untada. Yo no voy a ser menos. Finalizada la gala, el gentío pulula alrededor de las mesas. El papeo es tan institucional como los discursos. Me acerco al señor Presidente de Extremadura. Perdón, le digo, quiero saludarlo porque nunca lo he hecho y porque siento admiración por usted. Su claridad expositiva y su fluidez verbal (habla siempre sin chuletas) me encantan. Gracias, dice sonriendo, y usted quién es. Soy Garodri, respondo. Ah, coño, el de los artículos: unos buenos y otros regulares. Y nos despedimos. La percepción de la medida y el equilibrio sobrevoló la crestería del palacio de los Golfines.



OPAS CON HONDA
JUAN GARODRI
(7-10-2006)

Bueno, pues que me encuentro con la gente, amigos, vecinos, colegas, etcétera, y les pregunto por las Opas. Nadie tiene ni prostiputa idea de qué quiero preguntarles y desconfían razonablemente del patinadero de mis neuronas. Yo tampoco sé qué quiero preguntarles. El enterado de turno nos informa de que OPA no es más que un acrónimo cuyo significado viene a ser algo así como el de ‘Oferta Pública de Adquisición’. Adquisición de qué, decimos, De qué va a ser, nos dice, de acciones, adquisición de acciones, las OPAs son la lotería de las bolsas, las OPAs o los rumores sobre ellas aportan rápidas e importantes plusvalías a los accionistas, os podéis hacer ricos con una OPA. No sabemos de donde vienen los tiros y, naturalmente, no le creemos. Los que pertenecemos al gentío de a pie llevamos meses escuchando en la apertura de todos y cada uno de los telediarios la información sobre OPAs y sobre el alza de la Bolsa y la subida histórica del Ibex 35, información que supone un galimatías apelmazado y boscoso que no sabemos a qué viene, sobre Unión FENOSA, Gas Natural, E.On, Endesa, Sogecable y ACS (más de 30 OPAs hay, por lo visto). Ni idea, ya digo. Sabemos, sin embargo, que ACS tiene un presidente famoso, Florentino Pérez, que dirigió los destinos del Real Madrid varias temporadas y que se hartó de la olla de grillos del vestuario madridista y decidió, en consecuencia, sufrir dolores de cabeza por las OPAs y otras ganancias millonarias en vez de soportar a los vainas futboleros. Pero fuera de ahí, de nada nos suena, al menos de forma inteligible, la cosa de las OPAs. Así que no encaja en nuestras humildes mentes electoras la sonora pronunciación (Susana Griso, verbigracia) de presentadores/as cuando enarbolan su peculiar fonética vocalizadora y nos meten por los ojos lo de la OPA, sobre todo si la adornan con el calificativo de hostil, lo cual que hace que el asunto nos huela a poderosa chamusquina adinerada. Mientras (y para que no les den (s)opas con honda), los señores diputados del PSOE y del PP pactan mejorar más sus ingresos.