Mostrando entradas con la etiqueta año 2007 - 12 diciembre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta año 2007 - 12 diciembre. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de enero de 2010

LIBROS
JUAN GARODRI
(29-12-2007)

Parece un chiste que en estos días navideños (ya sabes, quince días de avenidas iluminadas con miles de lucecitas caprichosas, quince días de extenuante publicidad televisiva sugerente y erotizante —perfumes, por ejemplo—, quince días de musiquilla bobalicona en los supermercados, quince días de etcéteras previsibles), pues eso, que parece un chiste que en estos días alguien pretenda hablarte de libros. Estos días son para comprar y consumir y regalar. Libros no. Que los libros están compuestos de letras y las letras son negras y lo negro daña los ojos.
Así y todo, a mí no me parece un chiste hablar de libros. Los chistes irrumpen en la carcajada, que es el marco estentóreo de la insalubridad mental. Los libros, en cambio, irrumpen en tu alma con la suavidad musical de una sonata para piano de Haydn. Al menos en el alma de quien ama los libros.
Bruno, el sorprendente y entrañable niño con el pijama de rayas, le pregunta a herr Liszt: «¿No son importantes los libros?» Y le responde el maestro: «Sí, los libros que tratan de cosas importantes». Hay que determinar pues cuáles son esas cosas importantes. Para herr Liszt sólo eran importantes los libros que tratan de Geografía y de Historia (Historia para enaltecer ‘su’ Patria). Para Bruno sólo eran importantes los libros de aventuras y los cuentos (historias para abastecer ‘su’ imaginación). Para cada uno de ellos, ‘sus’ cosas eran las realmente importantes.
Así que no se trata de que te pongas a leer libros que traten cosas importantes, porque no hay cosas importantes. La importancia adquiere dimensiones diferentes según la interpretación de la realidad que a cada uno interesa, o cree que le interesa. De lo que se trata es de leer libros. De comprarlos para leerlos. De regalarlos para que los lean. El mejor regalo, un libro. Eso me parece, pero debo de andar más despistado que Homer en una reunión de política económica. Según las últimas estadísticas de los que confeccionan estadísticas (no es un pleonasmo), sólo el 5 % de los objetos adquiridos para regalar durante estas fiestas han sido libros.
Puedes deducir, amigo, que para el gentío no hay cosas importantes en los libros. De eso se aprovechan quienes rigen nuestros destinos.
UNA DE EDUCACIÓN
JUAN GARODRI
(22-12-2007)

Pues como que uno va estando cansado de la cosa educativa. Durante los nueve años, o más, que llevo escribiendo en este periódico, como pueden acreditar los lectores que me siguen semanalmente (ah ¿sí? me dice el cagaleches), he mostrado en diferentes ocasiones mi opinión, acertada o no, cada cual es libre de aceptar o rechazar la opinión ajena, según le dé el aire, o según confluyan en un punto más o menos equidistante las referencias conceptuales de quien escribe y de quien lee, pues decía que en estos años he mostrado de vez en cuando mi opinión sobre la cosa educativa. Y me refiero a la educación con cierto desapego y bastante mosqueo. Porque he comprobado en mis años de enseñanza que la educación no se consigue en el Instituto, la educación se ‘trae’ al Instituto, es decir, los alumnos tienen que ir al Instituto medianamente educados. En el Instituto se enseña, más que se educa. Un profesor de lengua española, de lengua inglesa, de química, de matemáticas, estudia en la Universidad “esas” materias para enseñarlas en un Instituto, si es que después de conseguir la licenciatura aprueba unas oposiciones y se dedica a la «enseñanza», no a la «educación». En la Universidad no se le instruyó para educar sino para enseñar.
¿Qué ocurre, sin embargo ‘a día de hoy’? (galicismo rechazable, con lo fácil que resulta decir ‘hoy día’). Pues ocurre que la política le mete mano a la enseñanza y se la carga. Y utiliza la educación como pretexto de posicionamiento político. Desde el momento en que los políticos se han puesto en plan instructor, les ha dado por manipular los Institutos para educar ciudadanos demócratas, progresistas, europeos, responsables y libres, para que los contenidos conceptua­les (los ‘saberes’, de toda la vida) no prevalezcan sobre la educación elegida en libertad. Como frase no está mal, pero es tan lejana a la realidad como lo es el rostro de Victoria Beckham con maquillaje.
Enseñar y/o educar. He ahí la cuestión. Sólo así se entiende que Rodríguez Zapatero diga que España está al nivel de Suecia y Dinamarca en educación y el informe PISA diga que estamos a la cola de Europa en enseñanza y en autoridad escolar.
UNA DE CACHETES
JUAN GARODRI
(15-12-2007)


Es asombroso. Lo de los cachetes. Pues nada, que ahora van y salen los expertos y aprueban que el cachete es saludable para poner límites a los niños. Si es saludable, quiere decir que no es perjudicial para la salud. ¿Hay alguien que esté de acuerdo con semejante despropósito? Es tremendo. Un golpe que se da en la cabeza o en la cara con la palma de la mano. Es como regresar a la caverna de la involución agresora. En estos tiempos. En esta infancia carnosa y prebélica del siglo XXI. Puede matarse el gentío. Puede un tipo agilipolladamente paranoico liarse a tiros con el gentío. Pueden los mamarrachos callejeros destripar al gentío. Pero no se puede dar cachetes a los niños. Pobrecitos. Un padre, una madre o un profesor (o profesora) no pueden dar collejas a los niños. Mucho menos pueden darles capones. La tierna personalidad de los niños, envuelta con la blanda superficie receptiva del alma prenatal que nos atribuía Platón, quedaría marcada con la pavorosa señal de un trauma perdurable (o más). No habría psicólogos argentinos suficientes para tratar las deficiencias de comportamiento ocasionadas por los sopapos o los mamirotes. El niño es una planta delicada a la que hay que cultivar con abono y turba nitrogenada. La no traumatización psicológica del niño es imprescindible para conseguir su plena madurez ciudadana. Al menos en una época como la nuestra, abarrotada de progreso y democracia.
Así que es asombroso, decía al principio. Lo de los cachetes. Que en nuestros tiempos el Senado, nada menos, haya avalado el cachete, mandando a tomar por donde escuecen los pepinos la pretensión del Gobierno, refrendada por el Congreso, de prohibir el castigo físico a los hijos menores. De lo que se deduce que la mayoría de los integrantes del Senado (y del Consejo Fiscal, que esa es otra) miran para otro lado porque defienden el bofetón y el azote, aunque con respeto a la integridad física y psicológica, eso sí.
Pregunto: los adultos, incluidos Zapatero y Rajoy, que discuten tanto, ¿habremos conseguido evitar el trauma psicológico y alcanzar la madurez ciudadana? Porque lo que son collejas, bofetadas y capones los recibimos en abundancia cuando éramos críos.
.
EJEMPLO
JUAN GARODRI
(8-12-2007)


Con frecuencia, los refranes suelen utilizarse con mala uva. Agria. Insípida. Sin la redondez que le proporciona el sol de poniente y la dulzura que le prestan las sales minerales del terreno. Y así toda la prensa ha comentado la noticia. Con la mala uva de un refrán ácido. El cazador cazado. El mejor escribiente echa un borrón. Y otros. La peculiaridad latente en un refrán ácido, pongamos por caso el que nos ocupa, o sea, «el cazador cazado», consiste en el regodeo que manifiesta su aserción. ¿Quién no se ha sentido íntimamente alborozado (un poquitín al menos, hombre) al enterarse de que el Director General de Tráfico, la ha cagado como un infractor empedernido?
Don Francisco de Quevedo escribió una obra satírico moral, “Los sueños”, publicada en 1627 en Zaragoza. La componen seis narraciones breves donde brilla la prosa barroca del autor. La caricatura con la que deforma grotescamente al gentío de su época es extraordinaria. Una de ellas se titula “El alguacil alguacilado” . Un diablo, metido en el cuerpo de un alguacil, cuenta que en el infierno no se ven más que poetas, mercaderes y ministros. ¿Qué diablo se metió en el cuerpo de Père Navarro para empujar a la máxima autoridad de la DGT a infringir la ley por él mismo dictada? Porque el ilustrísimo señor no sólo circulaba a 30 kilómetros por encima del límite permitido, sino que además adelantó por la derecha en una autovía y, también, no empleó los intermitentes para indicar el cambio de carril. Conducción temeraria. Y el alcalde de Madrid. Lo han cazado circulando al doble de la velocidad permitida. Y las penas de cárcel ¿qué? ¿Sólo son aplicables a los pardillos que conducimos con la alegría del fin de semana o del puente? Quizá sea costumbre generalizada entre políticos ‘gordos’. Porque hace tantos años, cuando Txiqui Benegas el mofletudo fue cazado llamando ‘Dios’ a Felipe González, circulaba el tío a más de 180 kh cerca de Sevilla.
Lo carcajeante para la ciudadanía consiste en que Père Navarro aparece en TV, brazos cruzados, semblante jesuítico justiciero, apariencia humildemente franciscana, predicando los gravísimos peligros de la carretera, enfatizando la pérdida del carné por puntos y justificando la pena de cárcel por conducción temeraria .

viernes, 1 de enero de 2010

EL CÉNTIMO ECOLÓGICO
JUAN GARODRI
(1-12-2007)

El señor presidente, don José Luís Rodríguez Zapatero (que ya nadie tiene consideración onomástica con los cargos de alto rango y el gentío anda con Zapatero a secas, así por las buenas, cosas de la progresía, supongo) pues el señor presidente ha dicho que va a proponer, o a imponer, no sé, el ‘céntimo ecológico’ para que entre todos ayudemos a la cosa del cambio climático. Un impuesto pequeñito, minúsculo, con el que gravar cada litro de carburante para financiar la constante e importante y triunfante (quizá) lucha contra el cambio climático. Total, un céntimo no es más que una peseta con sesenta y seis céntimos, o sea, nada. Pero resulta que el personal no recarga su depósito con un litro de combustible, sino con 30 litros (término medio) con lo que el impuesto minúsculo se convierte en un notable impuesto de 50 pesetas. Y si se reposta cinco veces al mes (término medio), el minúsculo se convierte en un impuesto mayúsculo de 150 céntimos, o sea, un euro y medio, 250 pesetas mensuales.
No lo crean. No es verdad. Es una mentira insidiosa divulgada por los otros, que son los que en realidad siempre mienten. Son cosas de la ‘ecodemagogia’ de Francisco Utrera, un pepeísta que atiza con el bate de béisbol de las urgencias políticas. ¿Cómo quieren ustedes que nuestro Gobierno, que ex-clu-si-va-men-te mira por el bien de la ciudadanía, pretenda aumentar los impuestos ahora que comienza la campaña electoral? Sería de locos. Por eso los defensores del progreso y de la estabilidad económica (y del voto) han saltado como resortes. Los señores ministros don Pedro Solbes y don Jesús Caldera y el Secretario de Organización don José Blanco se han apresurado a desmentir la noticia del céntimo gravoso, asegurando que su programa electoral no incluye el aumento de los impuestos. Si se hunde electoralmente el sonsonete de Rajoy y triunfa el de la simpática sonrisa, hay quien afirma (porque los hay así de mal pensados) que habrá céntimo ecológico, céntimo residual, céntimo eléctrico, céntimo social, céntimo sanitario y céntimo educacional.
El del pueblo de al lado dijo que podría ahorrarse algún céntimo suprimiendo toda la ornamentación eléctrica de la temporada navideña, ya ves.