SOBRE LOS ÁRBITROS
JUAN GARODRI
(31-1-2009)
Árbitros de fútbol. Jueces. Estos jueces de pantalón corto y pito en boca siguen la corriente de Samuel Pufendorf, un tipo de la primera fase de la ilustración alemana, que sostenía la conciencia obsesiva del “yo” frente al mundo. Y como era jurista pensó que la justicia depende de las caprichosas leyes del que manda.
Parece que sí, que los árbitros son jueces, o algunos al menos en el sentido de las afirmaciones empíricas de Pufendorf. Así que habrá que ir desmitificando a los árbitros y darle a cada cual su merecido, que para eso cobran, y bastante. No tanto como de Barack Obama, pero sí, se habla bastante de los árbitros en estos tiempos. Y así como el papanatismo generalizado eleva al presidente de los EE UU a altísimas esferas de magnificación, así el sectarismo federativo lleva a los árbitros a cotas irritables de prevaricación. Recuerden la putada que el juez árbitro hizo al Osasuna (dos penaltis ‘de libro’ no concedidos y encima tarjeta roja a la víctima de los penaltis), y en su rostro granítico con la ayuda al Madrid dejando exento de sanción al infractor. Fíjense ustedes en la cabronada que el árbitro hizo al Numancia cuando le anula el gol que hubiera supuesto el 0-1 frente al Barça. Goles válidos en jugadas de fuera de juego, goles anulados en jugadas válidas, sanciones y expulsiones. Prevaricación (dictar a sabiendas una resolución injusta).
Árbitros de Arte. Jueces. Los árbitros de arte también dan su pretinazo. Goya no es Goya. Manuela Mena le ha propinado un patadón a mi preferencia artística: la obra de Goya no hecha por encargo, la monumentalidad de ese mundo infernal y terrible con que Goya justifica sus alucinaciones. Mena acaba de decir que la concepción de “El Coloso”, su pobreza técnica y las pinceladas aplicadas sin fluidez y seguridad, no son de Goya, sino de su único discípulo reconocido, Asensio Juliá. Y una presentadora televisiva dijo que El Coloso ha dejado de considerarse «obra maestra» por no ser de Goya. Fuera de juego artístico. ¿La obra o el autor? Menos mal que Jesusa Vega critica las razones de Mena por no considerarlas apodícticas.
Y digo yo, incauto, ¿y si Goya pintó El Coloso tal vez obnubilado por el pedalón de la media noche? Malcolm Lowry escribía siempre bajo el volcán de la borrachera...
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viernes, 19 de febrero de 2010
POLÍTICOS
JUAN GARODRI
(24-1-2009)
Seguro que ustedes han oído hablar de Obama. Yo también. Barack Hussein Obama. Televisión española se ha convertido en una gigantesca bóveda de resonancia donde la trompetería del órgano institucional ha descargado millones de acordes laudatorios. Obama hasta en la sopa. No me explico cómo los cultos gurús de la cocina internacional no han inventado un plato de «sopa de Obama con banderitas estrelladas». Todos los ‘medios’ se han volcado, con apabullamiento informativo, en los actos de investidura del nuevo presidente. Más de dos millones de personas pasando frío en Washington para no perderse el evento. Ha sido tremendo, dice mi tío Eufrasio. Ciegos de resplandor, así nos han dejado, le digo. No te engañes, la trompetería televisiva, me dice, no ha tenido otro objeto que ensordecer al personal, caída de baba adjunta, para que olvide, siquiera momentáneamente, lo de la crisis. A Solbes le han venido de perilla las retransmisiones porque se han tapado con ellas esas cifras angustiosas de los más de cuatro millones de parados para el 2010, según previsiones de la Unión Europea. Pero lo niega. Solbes niega esas previsiones para España. No hay cuidado, respondo, los Estados Unidos nos insuflan esperanza y energía recuperadora con Obama de presidente. Mi tío Eufrasio me cuenta: una pancarta en el Nou Camp decía hace poco «Dios existe, se ha encarnado en Messi». Ahora también podría decirse que Dios existe porque se ha encarnado en Obama. Con él vendrán las soluciones al mal del mundo (guerra, problemas financieros, injusticia y maldad). El problema está en que no creo en los políticos. No creer en Dios, a quien ni ves ni oyes, es facilísimo (a juzgar por el “Tratado de ateología”, de Michael Onfray). No creer en los políticos, a quienes ves y oyes continuamente, es dificilísimo. Sus promesas. Como todos los políticos, Obama se sustancia en promesas. ¿Por qué han de ser más creíbles que las de Zapatero, por ejemplo? Cuando Obama las cumpla, te permitiré que me des con un canto en los dientes.
Algo me escama, y concluyo. El día que resuenan las trompetas como si fueran las del Juicio Final, el día que Obama jura el cargo de Presidente, el día que comienza la ‘nueva era’, promesas y esperanza, ese mismo día se hunden las Bolsas de todo el mundo. Así ha ocurrido. Misterio del cuerno quemado.
JUAN GARODRI
(24-1-2009)
Seguro que ustedes han oído hablar de Obama. Yo también. Barack Hussein Obama. Televisión española se ha convertido en una gigantesca bóveda de resonancia donde la trompetería del órgano institucional ha descargado millones de acordes laudatorios. Obama hasta en la sopa. No me explico cómo los cultos gurús de la cocina internacional no han inventado un plato de «sopa de Obama con banderitas estrelladas». Todos los ‘medios’ se han volcado, con apabullamiento informativo, en los actos de investidura del nuevo presidente. Más de dos millones de personas pasando frío en Washington para no perderse el evento. Ha sido tremendo, dice mi tío Eufrasio. Ciegos de resplandor, así nos han dejado, le digo. No te engañes, la trompetería televisiva, me dice, no ha tenido otro objeto que ensordecer al personal, caída de baba adjunta, para que olvide, siquiera momentáneamente, lo de la crisis. A Solbes le han venido de perilla las retransmisiones porque se han tapado con ellas esas cifras angustiosas de los más de cuatro millones de parados para el 2010, según previsiones de la Unión Europea. Pero lo niega. Solbes niega esas previsiones para España. No hay cuidado, respondo, los Estados Unidos nos insuflan esperanza y energía recuperadora con Obama de presidente. Mi tío Eufrasio me cuenta: una pancarta en el Nou Camp decía hace poco «Dios existe, se ha encarnado en Messi». Ahora también podría decirse que Dios existe porque se ha encarnado en Obama. Con él vendrán las soluciones al mal del mundo (guerra, problemas financieros, injusticia y maldad). El problema está en que no creo en los políticos. No creer en Dios, a quien ni ves ni oyes, es facilísimo (a juzgar por el “Tratado de ateología”, de Michael Onfray). No creer en los políticos, a quienes ves y oyes continuamente, es dificilísimo. Sus promesas. Como todos los políticos, Obama se sustancia en promesas. ¿Por qué han de ser más creíbles que las de Zapatero, por ejemplo? Cuando Obama las cumpla, te permitiré que me des con un canto en los dientes.
Algo me escama, y concluyo. El día que resuenan las trompetas como si fueran las del Juicio Final, el día que Obama jura el cargo de Presidente, el día que comienza la ‘nueva era’, promesas y esperanza, ese mismo día se hunden las Bolsas de todo el mundo. Así ha ocurrido. Misterio del cuerno quemado.
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año 2009 - 01 enero
LO DEL CHISTE
JUAN GARODRI
(17-1-2009)
Como no hay otra cosa de qué hablar pues, nada, los medios han tirado de lo del chiste. Y es que en España el chiste es como una segunda piel. No sé si los españoles somos tan chistosos por inteligentes o poco inteligentes porque nos desborda el chiste. Ahí tienen ustedes a los ingleses, por ejemplo, que cuentan unos chistes sosísimos y se parten de risa inteligentemente flemática.
Es el caso que la señora diputada Monserrat Nebrera acaba de hacerse famosa por su ridícula concepción del chiste. Resulta que, para ella, el habla de la ministra Magdalena Álvarez es un habla de chiste y, como la ministra es andaluza, muchos han deducido que el habla de los andaluces es de chiste, y se han sentido menospreciados. Una cosa es la escasa facilidad expresiva de la ministra de Fomento, oigan, que produce ansiedad oírla, y otra cosa muy distinta es que su expresión con acento andaluz sea de chiste.
Sepa la señora diputada (advierto el subidón docente que me sobreviene) que toda lengua está determinada por las circunstancias históricas por las que han pasado los pueblos que la usan. Donde se manifiesta la huella de la Historia con mayor evidencia es en el léxico. Cada contacto cultural ha dejado una aportación en el vocabulario y en su pronunciación. Las transmisiones patrimoniales (palabras provenientes del latín vulgar) y los 4.000 arabismos debidos a la estancia de los árabes en la parte meridional durante ocho siglos, marcan el habla de los pueblos del sur y mediodía peninsulares. Andaluces y extremeños. Contundencia seca y expresiva de Rodríguez Ibarra o Felipe González. La aspiración de las eses no es muestra chistosa de incultura. Es una herencia digna de la fragmentación lingüística que dio origen a dialectos diferentes. También el occitano marcó en buena parte el habla de los países catalanes y no se considera chistosa la pronunciación propia del català d'Aragó.
En fin, no hay que agarrase sólo a la pronunciación de las palabras, sino a su significación. Porque en otro caso, podría decirse retorciendo el pescuezo al pollo, que el prefijo ‘di-‘ significa ‘dos’; ejemplo: diplopía, fenómeno que consiste en ver dobles los objetos. Como el prefijo di- precede a di-putada, vendría a duplicar la literalidad de la palabra que perjudica a alguien. Vulgo cabronada (a andaluces y extremeños). Y tampoco es eso, oiga.
JUAN GARODRI
(17-1-2009)
Como no hay otra cosa de qué hablar pues, nada, los medios han tirado de lo del chiste. Y es que en España el chiste es como una segunda piel. No sé si los españoles somos tan chistosos por inteligentes o poco inteligentes porque nos desborda el chiste. Ahí tienen ustedes a los ingleses, por ejemplo, que cuentan unos chistes sosísimos y se parten de risa inteligentemente flemática.
Es el caso que la señora diputada Monserrat Nebrera acaba de hacerse famosa por su ridícula concepción del chiste. Resulta que, para ella, el habla de la ministra Magdalena Álvarez es un habla de chiste y, como la ministra es andaluza, muchos han deducido que el habla de los andaluces es de chiste, y se han sentido menospreciados. Una cosa es la escasa facilidad expresiva de la ministra de Fomento, oigan, que produce ansiedad oírla, y otra cosa muy distinta es que su expresión con acento andaluz sea de chiste.
Sepa la señora diputada (advierto el subidón docente que me sobreviene) que toda lengua está determinada por las circunstancias históricas por las que han pasado los pueblos que la usan. Donde se manifiesta la huella de la Historia con mayor evidencia es en el léxico. Cada contacto cultural ha dejado una aportación en el vocabulario y en su pronunciación. Las transmisiones patrimoniales (palabras provenientes del latín vulgar) y los 4.000 arabismos debidos a la estancia de los árabes en la parte meridional durante ocho siglos, marcan el habla de los pueblos del sur y mediodía peninsulares. Andaluces y extremeños. Contundencia seca y expresiva de Rodríguez Ibarra o Felipe González. La aspiración de las eses no es muestra chistosa de incultura. Es una herencia digna de la fragmentación lingüística que dio origen a dialectos diferentes. También el occitano marcó en buena parte el habla de los países catalanes y no se considera chistosa la pronunciación propia del català d'Aragó.
En fin, no hay que agarrase sólo a la pronunciación de las palabras, sino a su significación. Porque en otro caso, podría decirse retorciendo el pescuezo al pollo, que el prefijo ‘di-‘ significa ‘dos’; ejemplo: diplopía, fenómeno que consiste en ver dobles los objetos. Como el prefijo di- precede a di-putada, vendría a duplicar la literalidad de la palabra que perjudica a alguien. Vulgo cabronada (a andaluces y extremeños). Y tampoco es eso, oiga.
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año 2009 - 01 enero
viernes, 15 de enero de 2010
SENTIMENTALISMO
JUAN GARODRI
(10-1-2009)
Henri James dijo que leer “La educación sentimental” de Flaubert es como mascar ceniza y serrín. Es la novela psicológica de la desilusión, un pesimismo desesperado que coincide probablemente con lo esencial del individualismo del hombre.
Los primeros vagidos de 2009 me apesadumbran, me convierten en un sentimental humanitario, con la boca llena de ceniza y serrín. Algunos me dicen que soy tristón y ácido. Que las cuatro líneas que escribo habitualmente destilan pesimismo. Pero no es pesimismo, es consternación sentimental. El sentimentalismo se ha adueñado de mis neuronas, pobre de mí, pero no el sentimentalismo de la novela de Flaubert, correspondiente a la frustración de las relaciones amorosas, sino el sentimentalismo derivado de causas que me han herido profundamente. La guerra. Es la guerra. Se alzaron voces contra la guerra de Irak. ¿Dónde están ahora los manifas profesionales portando pancartas contra la masacre palestina? ¿Acaso esta guerra carece de alcance político y por eso no interesa? La guerra es cosa de los otros y está más allá del extranjero, pienso que piensan algunos. Más mueren en la carretera, me dicen otros, y son de los nuestros. Los muertos en carretera… Es la costumbre. Los telediarios anuncian la muerte con la pasibilidad profesionalmente indiferente del acontecimiento diario. Cifras, comparaciones y el impúdico discurso de que en 2008 han sido menos los muertos. Muy fácil transformar en superficial el sortilegio de la muerte.
A pesar de mi sentimentalismo, o a causa de él, no escapo de la mala hostia que me provoca la indiferencia ante el dolor de los inocentes, los niños, las mujeres, los ancianos, los civiles en suma, víctimas de la locura y de la venganza. Israel y Hamas. La locura, que se mea en la crisis bélica. Una carcajada que envuelve la epidermis civil de las víctimas como el sonido del teléfono que se orinaba en el despacho del ministerio de la Gobernación, cuando lo de Max Estrella. El atiborramiento de individualidad se manifiesta en esa cabalgada hacia la huída de sí mismos, masacrando a los de enfrente.
Los ataques de Hamas y la cruenta respuesta de Israel me llenan la boca de serrín y ceniza. ¿Me habré convertido en un sectario del sentimiento humanitario? Tal vez. Pero mi educación sentimental se rebela ante la muerte de seres inocentes. Sean del bando que sean.
Feliz 2009 (en lo que cabe).
JUAN GARODRI
(10-1-2009)
Henri James dijo que leer “La educación sentimental” de Flaubert es como mascar ceniza y serrín. Es la novela psicológica de la desilusión, un pesimismo desesperado que coincide probablemente con lo esencial del individualismo del hombre.
Los primeros vagidos de 2009 me apesadumbran, me convierten en un sentimental humanitario, con la boca llena de ceniza y serrín. Algunos me dicen que soy tristón y ácido. Que las cuatro líneas que escribo habitualmente destilan pesimismo. Pero no es pesimismo, es consternación sentimental. El sentimentalismo se ha adueñado de mis neuronas, pobre de mí, pero no el sentimentalismo de la novela de Flaubert, correspondiente a la frustración de las relaciones amorosas, sino el sentimentalismo derivado de causas que me han herido profundamente. La guerra. Es la guerra. Se alzaron voces contra la guerra de Irak. ¿Dónde están ahora los manifas profesionales portando pancartas contra la masacre palestina? ¿Acaso esta guerra carece de alcance político y por eso no interesa? La guerra es cosa de los otros y está más allá del extranjero, pienso que piensan algunos. Más mueren en la carretera, me dicen otros, y son de los nuestros. Los muertos en carretera… Es la costumbre. Los telediarios anuncian la muerte con la pasibilidad profesionalmente indiferente del acontecimiento diario. Cifras, comparaciones y el impúdico discurso de que en 2008 han sido menos los muertos. Muy fácil transformar en superficial el sortilegio de la muerte.
A pesar de mi sentimentalismo, o a causa de él, no escapo de la mala hostia que me provoca la indiferencia ante el dolor de los inocentes, los niños, las mujeres, los ancianos, los civiles en suma, víctimas de la locura y de la venganza. Israel y Hamas. La locura, que se mea en la crisis bélica. Una carcajada que envuelve la epidermis civil de las víctimas como el sonido del teléfono que se orinaba en el despacho del ministerio de la Gobernación, cuando lo de Max Estrella. El atiborramiento de individualidad se manifiesta en esa cabalgada hacia la huída de sí mismos, masacrando a los de enfrente.
Los ataques de Hamas y la cruenta respuesta de Israel me llenan la boca de serrín y ceniza. ¿Me habré convertido en un sectario del sentimiento humanitario? Tal vez. Pero mi educación sentimental se rebela ante la muerte de seres inocentes. Sean del bando que sean.
Feliz 2009 (en lo que cabe).
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año 2009 - 01 enero
SENSIBILIDAD
JUAN GARODRI
(3-1-2009)
A flor de piel. Así anda la sensibilidad del gentío a estas alturas del sigloXXI, en el que (se supone) el personal debería estar curado de espanto y ser menos sensible. Cualquier acontecimiento, cualquier roce, por insignificante que sea, hiere la sensibilidad. El tipo/a sensible aumenta su sensibilidad herida a extremos graves. Pengifoide ampolloso. Así se denomina la erupción cutánea que hiere su sensibilidad.
Los belenes, los nacimientos, han desparecido del mapa. Colegios, institutos, ayuntamientos y consejerías autonómicas se han llenado repentinamente de heridas supuratorias causadas por el pengifoide ampolloso de las representaciones religiosas. Los pastorcitos, los angelitos y el niño que está en la cuna hieren la sensibilidad. Desconozco el grado de gilipollez que puede alcanzar la herida sensible ante la representación de un recién nacido entre un buey y una mula.
Yo no escapo del pengifoide ampolloso. Tengo actualmente la sensibilidad herida y purulenta porque se aprovecha la despreciada navidad para cenar fuera de casa. Cenas de grupos, cenas de colegas, socios, asociados y adeptos, compinches y camaradas, cómplices y compadres, amigos, amigotes, compañeros, asociaciones, preferiblemente ONG, salen a gastarse los sesenta o setenta euros del ala y a enhilar unos güisquis en los bares de copas. Se aniquila la simbología religiosa porque puede herir la sensibilidad. Y digo yo que también puede sentirse herida la sensibilidad de aquellos que se afirman frustrados por la supresión.
Herida tengo mi sensibilidad porque el Gobierno rebaja impuestos a banqueros y ejecutivos. Los bancos y Cajas, favorecidos. Las pequeñas empresas, no. «Zapatero rebaja la fiscalidad de los banqueros y sus altos ejecutivos. Tributarán por las rentas de capital recibidas de sus propias entidades al 18% en vez de al 43%. La medida favorece a bancos y cajas frente al resto de empresas españolas», según leo por ahí.
Sigo con el pengifoide ampolloso. La jornada laboral de 65 horas. Hiere mi sensibilidad. Involución. Un paso atrás en el ajuste de los derechos humanos. Una patada en el culo de los trabajadores. Atrocidad histórica. Menos mal que ha sido frenado el despropósito de los Veintisiete. En fin, la piel se me llena de ampollas virulentas con la cabronada de Madoff, detenido por un fraude de 50.000 millones de dólares. Risas y carcajeo: el tío en libertad provisional, aunque eso sí, con grillete electrónico. Estos hechos hieren profundamente la sensibilidad social. A pocos importa, sin embargo.
JUAN GARODRI
(3-1-2009)
A flor de piel. Así anda la sensibilidad del gentío a estas alturas del sigloXXI, en el que (se supone) el personal debería estar curado de espanto y ser menos sensible. Cualquier acontecimiento, cualquier roce, por insignificante que sea, hiere la sensibilidad. El tipo/a sensible aumenta su sensibilidad herida a extremos graves. Pengifoide ampolloso. Así se denomina la erupción cutánea que hiere su sensibilidad.
Los belenes, los nacimientos, han desparecido del mapa. Colegios, institutos, ayuntamientos y consejerías autonómicas se han llenado repentinamente de heridas supuratorias causadas por el pengifoide ampolloso de las representaciones religiosas. Los pastorcitos, los angelitos y el niño que está en la cuna hieren la sensibilidad. Desconozco el grado de gilipollez que puede alcanzar la herida sensible ante la representación de un recién nacido entre un buey y una mula.
Yo no escapo del pengifoide ampolloso. Tengo actualmente la sensibilidad herida y purulenta porque se aprovecha la despreciada navidad para cenar fuera de casa. Cenas de grupos, cenas de colegas, socios, asociados y adeptos, compinches y camaradas, cómplices y compadres, amigos, amigotes, compañeros, asociaciones, preferiblemente ONG, salen a gastarse los sesenta o setenta euros del ala y a enhilar unos güisquis en los bares de copas. Se aniquila la simbología religiosa porque puede herir la sensibilidad. Y digo yo que también puede sentirse herida la sensibilidad de aquellos que se afirman frustrados por la supresión.
Herida tengo mi sensibilidad porque el Gobierno rebaja impuestos a banqueros y ejecutivos. Los bancos y Cajas, favorecidos. Las pequeñas empresas, no. «Zapatero rebaja la fiscalidad de los banqueros y sus altos ejecutivos. Tributarán por las rentas de capital recibidas de sus propias entidades al 18% en vez de al 43%. La medida favorece a bancos y cajas frente al resto de empresas españolas», según leo por ahí.
Sigo con el pengifoide ampolloso. La jornada laboral de 65 horas. Hiere mi sensibilidad. Involución. Un paso atrás en el ajuste de los derechos humanos. Una patada en el culo de los trabajadores. Atrocidad histórica. Menos mal que ha sido frenado el despropósito de los Veintisiete. En fin, la piel se me llena de ampollas virulentas con la cabronada de Madoff, detenido por un fraude de 50.000 millones de dólares. Risas y carcajeo: el tío en libertad provisional, aunque eso sí, con grillete electrónico. Estos hechos hieren profundamente la sensibilidad social. A pocos importa, sin embargo.
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año 2009 - 01 enero
lunes, 8 de junio de 2009
CRUCES
( 29-1-09)
JUAN GARODRI
Sartre diferenció el ateísmo del antiteísmo. El ateo prescinde de Dios. El antiteísta grita contra Dios.
El griterío se ha escuchado siempre. Cruci fixus. Fijado a la cruz. Un escándalo esto de la cruz. El apóstol Pablo decía en su primera carta a los Corintios o por ahí, que la cruz suponía un escándalo porque el Crucificado «se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz». Morir en una cruz era el castigo de los malhechores. La vergüenza de la cruz se la echaba a cuestas el crucificado para salvar a los demás.
Tal vez por eso los partidarios del crucifijo hayan asumido la crueldad del sacrificio para convertirlo en medio de salvación. Soteriología. Son muchos siglos de veneración multitudinaria como para que ahora vengan algunos, muchos, a manifestar que hiere la sensibilidad el icono representativo del sufrimiento salvador, la cruz.
Hay que tener en cuenta, no obstante, que en un Estado aconfesional, con la laicidad como rasero de las diferentes confesiones religiosas, es normal, digamos constitucional, que ningún símbolo religioso manifieste tendencias concretas hacia lo trascendente. Lo que no me parece razonable es que se alcen voces gritonas contra sectores cristianos que defienden “su” crucifijo. ¿Qué quieren? ¿Que callen? En una sociedad como la nuestra en la que la defensa de la individualidad y los derechos sociales se alzan con frecuencia en manifestaciones y protestas, no es de extrañar que los cristianos defiendan el crucifijo. Una cosa es la norma legislativa que prohíbe su exhibición en los centros públicos, y otra la pretensión de que los partidarios de la cruz no defiendan su representatividad religiosa.
Es el tema del absurdo: las guerras vuelven a comenzar siempre, las enfermedades, el sufrimiento de los inocentes, la maldad del hombre para el hombre continuarán sin tregua su ciclo de pesadilla. Hay quien pretende conservar el crucifijo para superar psicológicamente, eso creen, este aspecto de la culpabilidad humana. Otros piensan que la superación del horror se afianza exclusivamente en la solidaridad. Es algo parecido a lo que plantea Camus en “La peste”. Rambert, el periodista excombatiente de la guerra de España, está harto de que la gente muera por una idea. «El heroísmo es criminal. Lo que me interesa es que se viva y se muera de lo que uno ama», dice.
Rambert concluye que el hombre es una idea pobre desde el momento en que se aparta del amor.
( 29-1-09)
JUAN GARODRI
Sartre diferenció el ateísmo del antiteísmo. El ateo prescinde de Dios. El antiteísta grita contra Dios.
El griterío se ha escuchado siempre. Cruci fixus. Fijado a la cruz. Un escándalo esto de la cruz. El apóstol Pablo decía en su primera carta a los Corintios o por ahí, que la cruz suponía un escándalo porque el Crucificado «se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz». Morir en una cruz era el castigo de los malhechores. La vergüenza de la cruz se la echaba a cuestas el crucificado para salvar a los demás.
Tal vez por eso los partidarios del crucifijo hayan asumido la crueldad del sacrificio para convertirlo en medio de salvación. Soteriología. Son muchos siglos de veneración multitudinaria como para que ahora vengan algunos, muchos, a manifestar que hiere la sensibilidad el icono representativo del sufrimiento salvador, la cruz.
Hay que tener en cuenta, no obstante, que en un Estado aconfesional, con la laicidad como rasero de las diferentes confesiones religiosas, es normal, digamos constitucional, que ningún símbolo religioso manifieste tendencias concretas hacia lo trascendente. Lo que no me parece razonable es que se alcen voces gritonas contra sectores cristianos que defienden “su” crucifijo. ¿Qué quieren? ¿Que callen? En una sociedad como la nuestra en la que la defensa de la individualidad y los derechos sociales se alzan con frecuencia en manifestaciones y protestas, no es de extrañar que los cristianos defiendan el crucifijo. Una cosa es la norma legislativa que prohíbe su exhibición en los centros públicos, y otra la pretensión de que los partidarios de la cruz no defiendan su representatividad religiosa.
Es el tema del absurdo: las guerras vuelven a comenzar siempre, las enfermedades, el sufrimiento de los inocentes, la maldad del hombre para el hombre continuarán sin tregua su ciclo de pesadilla. Hay quien pretende conservar el crucifijo para superar psicológicamente, eso creen, este aspecto de la culpabilidad humana. Otros piensan que la superación del horror se afianza exclusivamente en la solidaridad. Es algo parecido a lo que plantea Camus en “La peste”. Rambert, el periodista excombatiente de la guerra de España, está harto de que la gente muera por una idea. «El heroísmo es criminal. Lo que me interesa es que se viva y se muera de lo que uno ama», dice.
Rambert concluye que el hombre es una idea pobre desde el momento en que se aparta del amor.
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